De nuevo invisibilizados, vuelven al armario

“Los poderes públicos no contemplan cómo deberían la vejez en general, mucho menos todavía si hablamos de personas mayores LGTBI: las desexualizan por completo sin tener en cuenta sus afectos y su forma de relacionarse con los demás, lo que han vivido y cómo eso les ha ido llevando a confeccionar núcleos personales y/o familiares muy distintos a los de los demás”. Lo dice Loren González, secretario de organización de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) y responsable del informe ‘Mayores LGTBI. Historia, Lucha y Memoria’, que denuncia que las instituciones ni siquiera han pensado en que esas otras realidades existen y menciona dos datos del estudio: solo el 4% de los mayores LGTBI hace uso de recursos públicos sociales que utiliza el 46% de la población mayor; casi la mitad (45%) no revela su condición en el ámbito sociosanitario, por causas como el miedo al rechazo y la vergüenza, con todo lo que puede implicar para ellas y ellos a nivel de salud. ¿Cómo es posible?

Se enfrentan a nuevos armarios, violencias y discriminaciones

  El informe de la Federación pone de manifiesto que la mitad de los entrevistados fue totalmente visible en su entorno social más próximo -familia y amigos- entre los 31 y los 50 años y que casi cuatro de cada diez lo fueron también en el trabajo y en lo relativo a su participación social. Pero revela que eso cambió para muchos a partir de esa edad: solo uno de cada cuatro siguió siendo visible en su entorno familiar y laboral, el 28% si atendemos a su participación social y menos de uno de cada tres con sus amigos. Loren González explica que esto se debe fundamentalmente a la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran: “Hablamos de personas que vivieron su infancia y/o juventud en el franquismo y en los años posteriores, algunas expulsadas de su hogar por su expresión de género, que tuvieron muy difícil el acceso al mundo laboral -sobre todo en el caso de las trans-, que sufrieron discriminación durante mucho tiempo -y aun hoy- por parte de la sociedad… que, en muchos casos, al irse haciendo mayores no han conseguido crear ese núcleo familiar y social que en general sí  tienen los heterosexuales o que lo han tenido y lo han perdido porque sus allegados han fallecido”. Esa falta de apoyos, sumada al sentimiento de soledad, a la edad, a las carencias de salud, a los miedos…hace que se vuelvan inseguras, se retraigan y regresen al armario.

  De hecho, casi siete de cada diez están convencidas de que tienen más dificultades como mayores por ser LGTBI, lo que también ayudaría a explicar ese paso atrás. Cuenta el responsable de la FELGTB que para muchas de ellas se trata de revivir malos recuerdos y temores porque no podemos olvidar que, “sin ser comparable lo que se vive ahora con lo vivido durante el franquismo y en los años siguientes, la sociedad sigue siendo intolerante. La homofobia, la bifobia y la transfobia son al final como una lluvia fina que te va empapando hasta que cuando llegas a cierta edad se convierte en un tsunami de discriminación”. Asegura que a muchas personas les resulta imposible quitarse ese estigma que tienen interiorizado de que son mala gente.

Las políticas públicas no los contemplan

  La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales denuncia que los servicios de atención sociosanitaria no los tienen en cuenta. Explica su secretario de Organización que cuando se hacen estudios sobre la población mayor no recogen la orientación ni la identidad sexual, lo que implica “desexualizar por completo a los mayores LGTBI, como si no viviesen su sexualidad de ninguna manera cuando ha sido un hecho fundamental en sus vidas porque los ha marcado en gran medida”. Dice que tendrían que incluirse para ayudar así a responder a sus necesidades específicas al respecto. Y se queja de falta de formación de los profesionales, que no tienen herramientas suficientes para saber cómo abordar la realidad del colectivo, añadiendo que “también los habrá que tengan actitudes discriminatorias, porque la LGTBIfobia está presente en todos los ámbitos, pero no disponemos de datos porque a los mayores les cuesta mucho denunciar”. Cuenta que es una de las cosas que les ha quedado clara con este estudio, y con otros anteriores, reconociendo que les ha resultado más que difícil encontrar gente que quisiese participar: solo lo han hecho 145 personas.

  Otro capítulo es el de la convivencia en las residencias de mayores, que pueden no ser un espacio seguro para ellos a nivel individual y que, cuando van en pareja, Loren González afirma que eso tampoco se suele respetar. Recuerda que hace poco una de las organizaciones que forman parte de la FELGTB dio una charla en una residencia y cuando parte de los que habían acudido supieron que era para hablar de la realidad de los mayores LGTBI se marcharon muy enfadados diciendo que ‘no iban a escuchar cosas de maricones’. Todo esto ayuda a entender por qué apenas el 4% hace uso de los recursos sociosanitarios que están a disposición de la tercera edad, un porcentaje que va ligado a la ocultación de la orientación y la identidad sexual en este ámbito, donde el 45% no la revela, ni siquiera a su médico de cabecera: “La situación de vulnerabilidad en la que se encuentran les impide contárselo, necesitan que se les transmita confianza para poder abrirse y eso en muchas ocasiones no sucede por falta de formación adecuada en materia de diversidad sexual y de género”. Alerta de que, sin conocer su realidad, las intervenciones que se hagan no se serán las adecuadas y pide no olvidar que casi uno de cada tres mayores tiene síntomas de depresión y/o ansiedad; tampoco los datos de infectados por el VIH.

  Asegura que los mayores LGTBI son una asignatura pendiente, también para las propias asociaciones que luchan por sus derechos.

Sus demandas

  Para cambiar esta realidad, la Federación considera fundamental que se incluya la diversidad LGTBI en las políticas públicas relacionadas con la vejez: revisando los protocolos y/o reglamentos; reflejándola en la oferta de recursos de atención para los mayores de modo que sientan que la prestación del servicio se realiza bajo el concepto de ‘espacio seguro’; así como formando y sensibilizando a los profesionales sociosanitarios.

  También reclama que se implemente en todo el país el Pacto Social por la No Discriminación y la Igualdad de trato asociada al VIH porque estamos ante un colectivo que ha sido víctima de la pandemia del SIDA de forma atroz. Y demanda que se apruebe de una vez en el Congreso de los Diputados la Ley de Igualdad LGTBI, para blindar sus derechos en todas las Comunidades Autónomas puesto que las hay que ni siquiera tienen legislación al respecto y en algunas en las que sí existe hay una ofensiva de la ultraderecha para intentar recortarla. “Tenemos una deuda enorme con nuestros mayores en general, también con los mayores LGTBI. Esperemos que se siga avanzando y no se retroceda en derechos y libertades”, dice Loren González, que avisa de que la FELGTB seguirá actuando como dique de contención todo el tiempo que pueda.

El testimonio de Pedro Antonio Beguería

  Hemos analizado los resultados del informe ‘Mayores LGTBI: Historia, Memoria y Lucha’ que, como todos, tiene dos caras: la de las personas que pasados los 50 vuelven al armario, de las que hemos estado hablando, y la de aquellas que superada esa barrera siguen siendo tan visibles como lo fueron hasta entonces. Este último es el caso de Pedro Antonio Beguería, arquitecto jubilado aragonés, y él mismo nos ha dejado claro que no tiene ni la menor intención de retraerse, además de hablarnos de cómo ve la irrupción de la ultraderecha.

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