Defender a los autónomos

La voz que abre esta bitácora es la de una autónoma quemada después de casi dos décadas peleando para salir adelante y no tener que echar el cierre. Seguro que el día a día de Isabel Taboada -a sus 47 años- podría ser el de muchos de los 3,2 millones de trabajadores por cuenta propia que hay en España: haciendo números para llegar a fin de mes sabiendo la cantidad de gastos que debe cubrir para mantener su negocio a flote (6 de cada 10 dicen que llegan bastante justos y otros 3 lo hacen agobiados, lo que significa que sólo 1 está entre los elegidos que pueden permitirse respirar).

  Lo primero es la cuota a la Seguridad Social: 358 euros mensuales -autónoma societaria-, un 12% más que hace dos años (esto, siempre hacia arriba, para todos). Y no te pongas enferma, porque hay que seguir apoquinando aunque pierdas tu fuente de ingresos, pérdida que ni de lejos compensa una pírrica baja; y así, la cuadratura del círculo ya es imposible incluso para quien se cuenta entre ese 80% que se ve obligado a seguir trabajando en lugar de estar descansando para recuperarse cuanto antes. Después están la electricidad, el agua y la calefacción: eso porque hay máquinas que a pilas no van y porque, a según qué horas, lo de trabajar sin luz lo llevas crudo, por no decir que la higiene es lo primero o que ¡a ver cómo consigues que se relaje alguien que se está congelando!. También hay que cumplir con los proveedores, aunque no todos los clientes cumplan contigo en tiempo y forma (¡por lo menos no tienes que esperar a que alguna Administración te abone las facturas!): sin productos, sin mercancía… a dedicarte a otra cosa o, mejor, a no dedicarte a ninguna, como hay quien te dice, porque lo tuyo es puro vicio (¡mira que querer trabajar!). Pero a ti te da igual lo que te digan, porque eres de ese 63% que -a pesar de los problemas y los malos ratos- quiere seguir haciendo lo que le gusta y siendo su propio jefe.

  No podemos olvidarnos de Hacienda, porque Hacienda nunca se olvida de ti (¿será que las cantidades de tu cuenta no van seguidas de un número mareante de ceros?): declaración cada tres meses y la anual. Y, por si no fuese suficiente, tu lugar de trabajo está en tu casa (hay que sumar la parte del alquiler a los gastos); realmente, ¡es tu casa!, con lo cual ya ni hablamos de cuántas horas le dedicas (sin contar el tiempo que pasas haciendo números). Estás entre esos casi 4 de cada 10 que le echan más de diez horas diarias, y súmale fines de semana aunque, en ese caso, poniendo todo tu esfuerzo con escasa recompensa pero ¡no te queda otra!. Total, que de vacaciones…nada -llevas ya varios años sin cogerte ni una semana- y la pensión, la dejamos a un lado: si te pones a pensar que -si la cobras- por lo menos un par de años más tarde que un asalariado, será además un 40% más baja que la que cobran ellos de media…

  Y, con este panorama, ¿qué le pides tú al futuro? Pues no tener que cogerte una baja y, si no te queda otra, que sea corta, porque el Ministerio de Trabajo estudia bonificar el cien por cien de la cuota a la Seguridad Social en los períodos de incapacidad temporal por contingencias comunes pero, de momento, toca seguir pagando. No tener que recurrir a la prestación por desempleo que, por lo general es baja y se cobra poco tiempo, eso siempre que la tuya esté entre el 54% de solicitudes aceptadas. Y una pensión digna, reivindicación de todo trabajador. ¿Cuándo dejarán de dar los políticos pequeños pasos y darán el salto para un colectivo clave para la economía del país?

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