“Hay camareras de piso que incluso tienen que comprarse la fregona”

Estamos en una de las épocas más fuertes del año en cuanto a turismo y se espera que esta sea otra Semana Santa de récord en España, con una ocupación media del 75% los nueve días, diez puntos más que la anterior, situándose en el 85% entre mañana jueves y el domingo, en tu línea con la de 2018, según los datos que maneja la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos. Y eso con muchos establecimientos colgando el cartel de “Completo”. El turismo es, desde hace años, uno de los principales motores de la economía en el país de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en cuyo PIB tiene un mayor peso -acercándose al 12% con los últimos porcentajes del INE en la mano-, y en el que este sector crea más de dos millones y medio de puestos de trabajo. Alrededor de 300.000 de esos empleos son de camarera de piso, según la asociación que las agrupa, Las Kellys, aunque denuncian que a un tercio las contratan como limpiadoras, peones de limpieza o auxiliares de piscina para pagarles todavía menos de los 800 euros mensuales que cobran de media las que trabajan en los hoteles en los que este departamento está externalizado, lo que ya supone casi un 40% por debajo del salario de las que sí son consideradas personal del hotel. Nos lo explica su vicepresidenta, Ángela Muñoz, que acerca a quien tenga interés en escucharla la realidad de un colectivo que se indigna cuando ve como la patronal y las autoridades no se cansan de alardear de unas cifras mareantes que distan años luz de las suyas, que rondan los dos euros por habitación teniendo en cuenta su sueldo y las 400 habitaciones que vienen haciendo al mes: “Eso cuando el hotel les paga entre 6 y 10 euros por habitación a las empresas multiservicios de las que dependemos buena parte de nosotras desde que la subcontratación campa a sus anchas a raíz de la reforma laboral aprobada en 2012, que permite que un convenio de empresa prevalezca sobre el de su sector”, aclara. Repite que ese triunfalismo las indigna, pero también dice que les ha dado coraje para seguir adelante “porque nos han llevado al límite esperando que nos tirásemos por el precipicio y nosotras nos hemos dado la vuelta y nos hemos organizado”.

“La externalización es la explotación del siglo XXI”

Las Kellys no entienden que siendo el suyo un departamento estructural y el más numeroso de los hoteles -apuntan que representa el 20% de la plantilla- sea el que muchos establecimientos han externalizado (hasta el 70% de los de Madrid lo han hecho): “Sin nosotras, ¿qué venden? Porque los hoteles se abren básicamente para vender habitaciones; el cliente puede hacer o no uso del restaurante, de la piscina, del gimnasio…, pero siempre hace uso de las habitaciones y ¿quién paga para alojarse en una que no esté limpia?”, se pregunta su vicepresidenta. Y no cree a los políticos que se echan las manos a la cabeza porque “la veda se abrió con la reforma laboral aprobada por el Gobierno de Mariano Rajoy y, a pesar de las promesas, el Ejecutivo de Pedro Sánchez no ha hecho nada por ponerle coto”. Quieren dejar claro, eso sí, que la Asociación es apartidista y que rechazan a cualquier formación que pretenda utilizarlas “como baza electoral, porque después de varias campañas ya no nos fiamos de los políticos”.

Denuncian que son muchos los hoteles que han precarizado sus condiciones laborales a través de esas empresas externas, hasta el punto de que “algunas compañeras no solo tienen que pagarse el uniforme, sino incluso la fregona o fregar de rodillas”; lo dice Ángela Muñoz explicando que “las obligan a trabajar a un ritmo frenético, haciendo dieciocho o veinte habitaciones cada día -muchas veces repartidas en distintas plantas-, sin tiempo siquiera para ir al baño o para comer aunque lleven su propia comida porque se la niegan; teniendo que trabajar medicadas para mitigar los múltiples dolores que sufren -es el caso de siete de cada diez-, pero también con ansiolíticos o antidepresivos porque cuatro de cada diez padecen depresión por la carga de trabajo, según un reciente informe de CC.OO: “Cuando ves que no puedes seguir, que no llegas, que si coges una baja te van a despedir y si te pones enferma no te volverán a llamar nunca más; cuando eres consciente de que si te arriesgas a comunicar que no te encuentras bien no vas a poder llevar ningún dinero a casa…, entonces no te queda otra que medicarte para sacarlo todo adelante”. Asegura que todo esto es consecuencia de la externalización del servicio, sabiendo que el suyo es un trabajo duro en sí mismo y que deja secuelas de por vida: aplauden los pasos dados por el actual Gobierno en cuanto a reconocerles algunas enfermedades como ‘profesionales’, pero critican que hayan quedado otras fuera; y aclara que allí donde han puesto freno a la subcontratación -como sucede en Baleares o en Canarias- hay sobrecarga de trabajo, con camareras de piso “teniendo que hacer más de veinte habitaciones a diario a un ritmo desenfrenado, gran parte de ellas familiares y en establecimientos inmensos que son como pequeños barrios en los que deben recorrer kilómetros y kilómetros empujando los mismos carros de hace cuarenta años”.

Dice que no todos los hoteles son así, que los hay que cumplen con ellas garantizándoles unas condiciones de trabajo dignas y salarios de alrededor de 1.200 euros para los de cuatro y cinco estrellas. Pero la vicepresidenta de Las Kellys advierte que “como en España no se premia el buen hacer ni se atajan las malas formas sino al contrario, al permitir que uno incremente sus beneficios económicos a través de la subcontratación, lo que se está haciendo es invitar al resto a que sigan su mismo camino porque es menos rentable para ellos mantenernos como personal de plantilla. La externalización es la explotación del sigo XXI y nadie parece tener un interés real en acabar con ella -como reclamamos en la Ley Kelly que presentamos en el Congreso de los Diputados, porque lo que necesitamos es legislación-, así que les pedimos a quienes pueden hacerlo que, por lo menos, modifiquen el artículo 42.1 del Estatuto de los Trabajadores para equiparar nuestras condiciones laborales a las previstas en el convenio sectorial”.

“Querían que aceptásemos ser ‘las nadies’ pero no lo han conseguido”

Ángela Muñoz se queja de que a los responsables de las empresas y de muchos establecimientos se les olvida que son personas: “A pesar de formar parte de un departamento estructural -y por lo tanto indisociable de la actividad hotelera- somos como ‘las nadies’ de las que hablaba Eduardo Galeano, somos invisibles, o por lo menos eso es lo que pretendían que fuésemos hasta que nos hemos dado cuenta de que somos importantes y tenemos fuerza; formamos la base de la pirámide, sí, pero eso lo que en realidad significa es que sin nosotras esto no funciona y que si parásemos todas habría serias consecuencias”. Se alegra de que vayan empoderándose poco a poco pero dice que cuesta, que hay camareras de piso que tienen miedo porque algunas están sufriendo las consecuencias de alzar la voz para denunciar su penosa situación “porque si abres la boca te amenazan, te acosan y te hacen la vida imposible, intentan anularte para que seas tú la que acabes pidiendo la baja voluntaria y así ellos puedan ahorrarse la liquidación, o firman sin problemas un despido sabiendo que será declarado improcedente por los tribunales y luego, amparados en el hecho mismo de la denuncia a la que te viste obligada, te vetan para volver a trabajar en sus empresas o en cualquier otra del sector; todo porque hay una legal ilegalidad que se lo permite”.

La vicepresidenta de Las Kellys quiere hacer hincapié en que “desde la patronal del sector no dejan de repetir que somos una mala influencia pero si estamos mintiendo, ¿por qué no abren las puertas de sus establecimientos hoteleros a la prensa o por qué no nos denuncian?”; ella misma responde que si no dan ese paso es porque saben perfectamente que es cierto y que pueden demostrarlo. Critica que cuando decidieron crear la asociación -que registraron en 2016- se llegase a decir que tenían detrás a determinados partidos políticos, como si ellas solas no fuesen capaces de organizarse para defender lo suyo: “Hay muchas mujeres que no pueden dejarlo porque no tienen otra cosa, porque es esto o la nada, pero eso no significa que no puedan reclamar sus derechos y que sean susceptibles de ser pisoteadas por su profesión o por su situación y tengan que callar”; afirma que “Ellos son Goliat y nosotras David pero estamos decididas, dispuestas a seguir con nuestra lucha por nosotras y por las que vienen detrás: por dignidad”, y todos sabemos cómo acabó aquella historia recogida en la Biblia.

Como clientes, podemos sumarnos a esa lucha para ayudarlas a que su fuerza sea mayor cada día que pasa y a que su voz se escuche cada vez más lejos: Ángela Muñoz cuenta que basta con fijarnos en si las camareras de piso del establecimiento en el que estamos alojados llevan el uniforme o una chapa de la cadena hotelera; si no es así, dependen de otra empresa. Los libros de reclamaciones no solo son para reivindicar nuestros derechos de alojamiento…lo son también para reclamar los de quienes trabajan para que nuestra estancia sea mejor, y lo será cuanto más digna sea la situación de quien se ocupa de que todo esté bien en el espacio en el que nos alojamos.

P.S. Podéis encontrar toda la información sobre el colectivo en https://laskellys.wordpress.com