Después de invadir medio planeta, los plásticos están ya en nuestro organismo

  Era de esperar que el plástico que los humanos producimos y desperdiciamos volviese a nosotros y ya lo ha hecho: ha llegado a nuestro intestino. Así lo constata un estudio piloto liderado por la Universidad Médica de Viena cuyos resultados se acaban de presentar: en las heces de todos los participantes -de países tan distantes como Rusia, Japón o Reino Unido- se encontraron partículas de hasta 9 tipos de plástico, sobre todo tereftalato de polietileno (PET) muy utilizado en envases de bebidas y textiles, y polipropileno (PP) usado en el envasado de alimentos y en los tapones de las botellas. Siendo cierto que la muestra es pequeña (solo 8 personas), la diversidad geográfica y la variedad de plásticos detectados llevan a los investigadores a urgir que se determine el impacto de estos materiales en nuestra salud. A expertos en medioambiente como Alistair Boxall, de la británica Universidad de York, no les sorprenden los resultados: recuerda que se han encontrado microplásticos en pescados y mariscos, en agua embotellada y del grifo, o en la cerveza. También en la sal: una investigación a nivel internacional comandada por expertos surcoreanos, con la participación de Greenpeace, ha confirmado hace poco la presencia de microplásticos en más del 90% de las marcas analizadas. Hace un año, especialistas de la Universidad de Alicante comprobaban que la sal producida en las salinas españolas contiene plástico en diferentes concentraciones. Otro estudio reciente de la Universidad de Almería demuestra que los envases de plástico pueden transferir a los alimentos sustancias químicas cuyo impacto en la salud todavía se desconoce: sustancias no autorizadas para el uso y la fabricación de envases destinados a la alimentación que se generan porque el material usado se deteriora por procesos de degradación, por interacciones entre los distintos componentes o por las impurezas de la materia prima.

  Organizaciones como Greenpeace llevan tiempo llamando a detener la contaminación por plástico desde su origen: “para el planeta y para la salud de las personas es fundamental que las empresas reduzcan su dependencia de los plásticos y eliminen los desechables de inmediato”, en palabras de Julio Barea, que reconoce que los consumidores tenemos nuestra parte de culpa y pide una mayor concienciación. Explica que ellos no tienen una campaña contra el plástico per se -que consideran imprescindible en ámbitos fundamentales como el médico- sino contra el abuso y el mal uso que se hace de él. Destacando que casi todos los plásticos (también los biodegradables) se sintetizan a partir de derivados químicos del petróleo -porque los costes son menores-, cuenta que en la última década se han producido más que en toda la historia y que en 2020 se espera que se superen los 500 millones de toneladas anuales, un 900% más que en 1980; y eso sabiendo que el sistema de gestión de residuos se ha demostrado ineficaz: según la propia patronal del plástico, en la UE (segundo productor mundial después de China) apenas se recicla un tercio de los residuos; también en España, donde casi la mitad acaba en vertederos. “Con lo que no se recupera podrían llenarse tantos camiones de basura que, colocados en fila, cubrirían la distancia entre Madrid y París”.

HAY QUE ACTUAR YA

  Por eso es necesario actuar. Y es algo que han comprendido incluso los miembros del Parlamento Europeo, que la semana pasada aprobaban por amplísima mayoría un proyecto de directiva comunitaria que apuesta por prohibir en 2021 los productos plásticos de usar y tirar más utilizados (que suponen casi la mitad de la basura marina que aparece en las playas) para los que existen alternativas, como los platos y los cubiertos, las pajitas y los removedores, o los bastoncillos para los oídos. Obliga a los Estados a tomar medidas para reducir un 25% el consumo de envases de alimentos (hamburguesas, frutas, etc.) y de vasos; fija objetivos de recuperación y reciclaje de aparejos de pesca y llama a recoger por separado el 90% de los envases de bebidas, así como a garantizar que se produzcan con un tercio de material reciclado para 2025. También insta al productor a asumir el coste de la gestión de los residuos y de las iniciativas de sensibilización, avalando además los sistemas de depósito y retorno de envases, con la idea de que propicien el uso de materiales de calidad y perdurables. “Esto ahora mismo no sucede”, según Julio Barea, “porque, al estar todo mezclado, lo reciclado es de tan escasa calidad que aquí prácticamente no tiene salida, y una parte importante acaba en países del Tercer Mundo sin que a nadie le importe su destino final”. Y añade que “ni mucho menos se puede reciclar infinitamente”.

  Greenpeace, como otros colectivos ambientales y sociales, consideran histórico el paso dado por la Eurocámara ya que incluye la práctica totalidad de sus reclamaciones; pero avisan de que van a estar vigilantes para que no haya rebajas en la negociación a tres bandas (Gobiernos, Parlamento Europeo y CE) de la futura ley, que debería estar lista antes de las elecciones comunitarias del próximo mes de mayo, pues denuncian presiones a los Ejecutivos de los grandes grupos productores y consumidores de plástico. Para estos grupos, el proyecto de directiva aprobado los responsabiliza en exclusiva por conductas inapropiadas que -dicen- van mas allá de su control. La industria -que destaca que crea en la Unión Europea más de 1,5 millones de empleos directos y genera un volumen de negocio que, en 2016, se acercó a los 350.000 millones de euros- defiende los avances en su compromiso con el medioambiente y sostiene que los materiales plásticos ahorran muchos más recursos de los que se usan para su producción, contribuyendo a la sostenibilidad ambiental. Pide que los esfuerzos se centren en fomentar el consumo responsable y en concienciar para evitar el abandono de estos productos, así como en mejorar los sistemas de recogida y gestión.

LA REUTILIZACIÓN Y REDUCIR EL CONSUMO, LAS CLAVES

  Asegura Julio Barea que es de justicia que los que obtienen beneficios económicos de ellos se hagan cargo de todos esos envases que están causando un enorme problema a nivel planetario: “se socializa la contaminación, pero los beneficios son particulares”. Afirma que es de justicia y de ley: recuerda que ya la Ley de Envases de 1997 los instaba a poner en marcha un sistema de depósito y retorno, ofreciéndoles la posibilidad de no hacerlo si participaban en un sistema integrado de gestión cuyos costes debían asumir, y explica que fue esto último lo que hicieron “al ser lo que les salía más barato”, más todavía teniendo en cuenta que al final son las Administraciones (es decir, nosotros con nuestros impuestos) las que acaban corriendo con buena parte de los gastos.

  En Greenpeace -como los europarlamentarios- apuestan por volver a ese sistema de retorno de envases que existió hace varias décadas en España y que existe hoy en día en varios países. Están convencidos de que premiando a quienes lo hacen bien se conseguiría recuperar, reutilizar y poner de nuevo en el mercado ese 90% de los envases de bebidas que marca el proyecto de directiva aprobado, envases que son los más consumidos fuera del hogar y por tanto los que más se abandonan. Y destacan que esa opción la recogen ya normas autonómicas como la aprobada en Navarra y la que se va a aprobar en Baleares. Dan una cifra: cada día se ponen a la venta en España 50 millones de envases de este tipo de los que solo se recuperan (que no todos se reciclan) 20, “lo que significa que tienes 30 millones contaminando. Un dato demoledor”.

  Y es que la reutilización es para Greenpeace la clave en la gestión de residuos, porque reciclar -por lo que hemos dicho- no es suficiente: “hay que reciclar, sí, pero sobre todo reutilizar y reducir lo que consumimos, porque consumimos demasiado, y no estamos hablando solo de plástico”. Cuenta Julio Barea que llevamos décadas consumiendo materiales plásticos “muy alegremente, sin preocuparnos por nada” y explica que “ahora todas las alarmas se han encendido” porque incluso el mar, que ocupa tres cuartas partes de la superficie del planeta, se está viendo colmado por estos residuos: cada año acaban en él hasta 12 millones de toneladas, el equivalente a un camión de la basura lleno de plásticos por minuto. “Y esos residuos no se pueden limpiar”. Se calcula que el hilo de pesca tarda unos 600 años en descomponerse, una botella de plástico alrededor de 500, un mechero 100 y una bolsa 55. Tengámoslo muy en cuenta.

P.S. Greenpeace nos recuerda que podemos mudar hábitos para que los plásticos dejen de inundar nuestra vida. Ahí van algunos ejemplos:

Cambiar las bolsas de plástico por otras reutilizables, por carros o por cestas.

.  Sustituir vasos, platos y cubiertos de plástico por nuestros utensilios de cocina habituales, y llevar la olla cuando compremos comida para llevar.

.  Apostar por recipientes de acero inoxidable o vidrio en lugar de por tápers.

.  Evitar el exceso de envoltorio cuando compramos alimentos.

.  Elegir bebidas en envases de vidrio.

.  Beber agua del grifo mejor que embotellada en plástico.

.  Dejar las maquinillas de afeitar desechables y apostar por la máquina eléctrica.

.  Evitar los productos cosméticos que tengan microesferas de plástico en su composición. Es el caso de muchos exfoliantes, pero los hay que las sustituyen por componentes naturales como arcilla o cáscaras de frutos secos.

.  Buscar juguetes de madera, de tela, o de látex y caucho natural.

Podemos hacer mucho para acabar con el desperdicio de comida

Cuatro de cada cinco familias españolas tiran comida en un país en el que, atendiendo a los últimos datos de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura y del Programa Mundial de Alimentos, el año pasado había 600.000 personas en situación de inseguridad alimentaria grave. Cada hogar desperdicia casi 1,5 kilos de alimentos a la semana, unos 76 kilos al año, con lo que nos acercamos al millón y medio de toneladas anuales. A esto hay que sumarle lo que se tira en los supermercados, en los restaurantes, en los comedores escolares o en los hospitales, lo que se desecha en el proceso productivo y lo que directamente se queda en los campos de cultivo porque presenta algún golpe, no tiene el tamaño adecuado o simplemente es ‘feo’. La suma total, que debería sonrojarnos, supone alrededor de ocho millones de toneladas de comida desperdiciada cada año en España, que es el séptimo país de la Unión Europea que más comida tira: el conjunto de los socios comunitarios desaprovecha 90 millones de toneladas anuales.

Las cifras hablan por sí solas y deberían llevarnos a la reflexión pero, por si no son suficientes para que nos decidamos a hacer algo que cambie esta realidad, ahí están activistas como Manuel Bruscas, un consultor social empeñado desde hace siete años en darles la vuelta a las cosas, “porque es una cuestión de corresponsabilidad: todos en nuestro día a día podemos aportar nuestro grano de arena que, sumados, son muchos; y quienes nos gobiernan están obligados a cumplir también con la parte que les toca”.

Porque no se trata únicamente de saber que desperdiciamos tanta cantidad de comida -se calculan 1.300 millones de toneladas en todo el mundo– que con apenas una cuarta parte se podría acabar con la hambruna que, según la ONU, golpea a 820 millones de personas; ni de tomar conciencia de que 600.000 españoles viven en nuestro país sin saber si van a comer algo hoy, con lo que eso significa y con el riesgo que supone cuando hablamos de niños que, con una alimentación deficitaria (en cantidad y en calidad), crecen con todos los números para sufrir enfermedades que afectarán a su evolución cognitiva y, en consecuencia, a su inserción laboral futura. “Hay que pensar además en el impacto que tienen en el planeta todos esos alimentos desperdiciados”.

Todo lo que supone tirar comida a la basura

Pensemos en la huella de carbono; porque si la comida que se tira fuese un país, sería el tercero en emisión de gases de efecto invernadero, después de China y EE.UU., ahí es nada. Prestemos atención por ejemplo a lo que supone el transporte de la fruta exótica o de la que ya no está en temporada, procedente muchas veces de países que se encuentran a miles de kilómetros, y en las toneladas que se desperdician; o tengamos en cuenta el pequeño porcentaje de restos de comida que se composta, acabando la mayor parte en vertederos, cuyas emisiones de metano son una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero del sector de los residuos. Pensemos en la deforestación, en los árboles talados y en los bosques que han desaparecido para dar paso a tierras de cultivo que permiten subsistir a millones de personas: si esos campos producen alimentos que se desperdician no sirven para nada, y eso es lo que pasa con casi un tercio de la superficie agrícola mundial.

Y pensemos en la huella hídrica, en la cantidad de agua dulce -cada vez más escasa- que necesitan esas inmensas extensiones de cultivos. Dice la FAO que el volumen de agua utilizado cada año para producir los alimentos que se pierden o se desperdician equivale al caudal del Volga, el río más largo de Europa; solo en España equivale a unos 130 litros por persona y día. Valoremos también el impacto en la biodiversidad y las consecuencias económicas directas del desperdicio y del despilfarro de alimentos: 250 euros perdidos anualmente por cada español. “Cifras y datos escalofriantes” en palabras de Bruscas, como le llaman los que le conocen.

¿Qué puedo hacer yo?

Repite este activista que cada uno de nosotros podemos poner mucho de nuestra parte para revertir la situación. Podemos empezar haciendo una lista antes de ir a la compra, comprando productos frescos de temporada, eligiendo aquellas piezas de fruta o verdura que son ‘feas’, teniendo siempre claro que fecha de caducidad no es lo mismo que fecha de consumo preferente, haciendo cocina de aprovechamiento (dándoles una segunda vida a las sobras), usando apps como yonodesperdicio.org que nos permiten compartir alimentos, llevándonos la comida que no hemos acabado cuando vamos a un restaurante… “Son pequeños cambios, no revoluciones, pero contribuyen a frenar el desperdicio de alimentos y con ellos también estamos ayudando a combatir el cambio climático”.

Como ciudadanos -explica- tenemos que demostrar que los valores importan, por eso debemos reclamar transparencia a supermercados y grandes cadenas de alimentación para saber cuánta comida tiran: que den a conocer sus cifras como hizo voluntariamente TESCO en el Reino Unido. No es lo habitual. Hace tres años, Manuel Bruscas y activistas de otros países comunitarios decidieron poner en marcha una campaña para exigir que la Comisión Europea les obligue a donar esa comida que les sobra. La semana pasada se reunían con la directora de Seguridad Alimentaria, a la que entregaban más de un millón doscientas mil firmas de apoyo y, tras una cierta presión, las autoridades comunitarias se han comprometido a darles una respuesta en un mes. “Las sensaciones son un poco encontradas, porque te dicen que tienen el tema presente pero también que es muy complicado poner de acuerdo a 28 países”, y esto teniendo en cuenta además que el año que viene habrá elecciones. “Hay que seguir dando la batalla a nivel europeo, pero también a nivel nacional”, sentencia.

Francia e Italia aprobaron hace poco leyes que van en esta dirección: la legislación gala obliga a los supermercados de más de 400 metros cuadrados a donar la comida que les sobra y la italiana les da incentivos para hacerlo. Bruscas se queda con la francesa, porque lanza un mensaje inequívoco que a su entender se ha demostrado eficaz en distintos ámbitos -si no cambias la forma de actuar habrá sanción-, al tiempo que genera un debate en la opinión pública que lleva a la gente a preguntarse si es verdad que un supermercado se niega a donar los alimentos que le sobran y porqué es esto así; pero lo que más le gustaría es que los grandes grupos de alimentación estuviesen obligados a informar de la cantidad de comida que tiran, convencido como está de que al día siguiente la presión ciudadana les haría cambiar: “la presión es una de las claves”.

La situación en España

La situación en España es para él “decepcionante”, por resumirla en una palabra, porque aquí “todavía estamos debatiendo, discutiendo, y no se ha dado ningún paso”. Decepcionante es el resultado de los trabajos de la comisión creada el año pasado en el Senado para estudiar el tema, siendo lo más desalentador que aparentemente haya un consenso, pues su informe -aprobado recientemente- salió adelante por unanimidad. La pregunta es clara: si existe consenso ¿por qué no se avanza? Y ahí aparece para muchos la alargada sombra de los lobbies.

Los senadores apuestan -entre otras recomendaciones- por crear un Observatorio del Desperdicio Alimentario, por poner en marcha campañas de concienciación y por aprobar rebajas fiscales para comercializar productos frescos menos atractivos a la vista pero con las mismas propiedades nutricionales. “Hay muchos productos que ni siquiera llegan a los supermercados porque no son perfectos según los estándares marcados por los grupos de alimentación que, a su vez, se rigen por los estándares que como consumidores les pedimos. ¿O es al revés?”. Como el huevo y la gallina, no se sabe que fue primero, pero el caso es que cuando vamos a la compra es prácticamente imposible encontrar frutas o verduras feas y, si las hay, es porque nadie las quiere. Por eso Bruscas insiste en la corresponsabilidad.

Los tomates de verdad son feos

Y es que Los tomates de verdad son feos, como leemos en el título del libro que ha escrito -“porque lo que no se comunica no existe”- ilustrado por Alejandra Zúñiga, en el que nos cuenta todo esto y mucho más. Porque está convencido de que cambiar esta realidad es posible. Explica que empezó con esta lucha porque le parece “una causa noble y justa, con la que es prácticamente imposible no estar de acuerdo”, y dice que sigue en ella porque piensa que lo que hace está teniendo impacto: “estoy contribuyendo y quiero seguir contribuyendo”. Se siente satisfecho de que la gente le diga que va cambiando sus hábitos de consumo porque eso le demuestra que su lucha tiene sentido. Y sabe que la educación es otra de las claves: “cuando tú, desde pequeño, interiorizas un valor, se acaba convirtiendo en parte de ti”.

Cuenta que tiene claro “que esto es una maratón, una carrera de fondo en la que es importante es la tendencia”, y le compensa porque cada día se habla más de este tema, por eso no piensa rendirse. Dice el director general de la ONU para la Alimentación y la Agricultura, José Graziano da Silva, que lograr el objetivo del Hambre 0 en 2030, marcado hace unos años, todavía es posible si trabajan todos los países juntos. ¡Ojalá! Pero debemos ser conscientes de que “cada uno de nosotros podemos hacer mucho para frenar el desperdicio de alimentos, más allá de buscar grandes enemigos externos a los que combatir -que también-, siempre sin dejar de presionar a nuestros Gobiernos para que actúen”. Ya lo decía Nelson Mandela: todo parece imposible hasta que se hace.

Porque nadie está libre de tener Alzheimer

Pérdida de memoria, hasta llegar a no reconocerte, dificultad para hablar y para caminar, obsesiones, alucinaciones…“Es terrible ver cómo esa persona tan cercana a ti va perdiendo su identidad, va dejando de ser lo que fue”. Así de cruel es el Alzheimer. Lo cuenta María del Carmen Martínez, que lo vivió con su marido -fallecido hace 23 años- y que lo está volviendo a vivir con su madre, que en aquel momento fue para ella una ayuda. “El desgaste físico y mental es tremendo porque acabas teniendo que estar pendiente de ellos -que están perdidos en el tiempo y en el espacio- las 24 horas del día, los 365 días del año, para asearlos, para vestirlos, para darles de comer… atenta, observando…, porque no siempre lo que te dicen se corresponde con la realidad; y eso cuando pueden decirte algo, porque hay un momento en el que se acaba la comunicación y pasan horas y horas sin que les escuches otra cosa que ruidos o balbuceos. El dolor del desenlace es intenso, pero te acompaña desde mucho antes”, a lo largo de los 12-15 años que se prolonga el período de evolución de la enfermedad, explica la que es vicepresidenta de la Federación de Asociaciones Gallegas de Enfermos de Alzheimer y Otras Demencias (FAGAL).

Y el cuidador debe estar ahí. Cuidadora, habría que decir, porque la mayoría son mujeres, de 45 a 65 años de media, pero cada vez mayores (el 20% tiene más de 70), “cuidando cuando ya casi están, o sin casi, para que las cuiden a ellas”. A ellas también hay que atenderlas y no centrarse únicamente en los enfermos, por eso se habla del binomio enfermo-cuidador, destacan María del Carmen y Cheles Cantabrana, presidenta la Confederación Española de Asociaciones de Familiares de Personas con Alzheimer y otras demencias (CEAFA), que dice que esas cuidadoras sufren en muchos casos un proceso de aislamiento o autoaislamiento, también emocional, del que es muy difícil conseguir que salgan cuando se produce el fatal desenlace. Como difícil es recuperarlas para el mercado laboral: porque el 13% tiene que renunciar al trabajo para atender a su familiar, asumiendo el impacto que eso supone en su pensión futura, si es que la cobra.

Sus palabras las ratifica la Organización Mundial de la Salud, que afirma que la demencia tiene un impacto físico, psicológico, social y económico no solo en quien la padece sino también en quien le cuida, en la familia y en la sociedad en general. Explican desde la comunidad de profesionales que cuidadoras y cuidadores “padecen en su propia carne las consecuencias físicas y psicológicas del Alzheimer, a las que hay que sumar el golpe que supone para su calidad de vida y, muchas veces, para su vida laboral”. Habla la neuropsicóloga Nina Gramunt, de la Fundación Pasqual Maragall, que cumple una década investigando para vencer la enfermedad y les ofrece grupos terapéuticos de apoyo. También les ayudan las asociaciones y federaciones repartidas por España, que realizan desde hace años una inmensa tarea que la presidenta de CEAFA y la vicepresidenta de FAGAL quieren poner en valor, pues contribuyen a que cuidadoras y familias dejen de estar perdidas, las guían, les ofrecen recursos de respiro y apoyo, les facilitan información y avanzan en esa labor de sensibilización tan necesaria. Porque sabemos cada vez más de él, pero cuenta Cheles que la sociedad todavía no es consciente de que Alzheimer no es igual a mayores y de que mayores no es igual a Alzheimer. Y la doctora Gramunt le da la razón.

EL DIAGNÓSTICO PRECOZ ES DETERMINANTE

Afirma que la demencia -la debida al Alzheimer es la más extendida- “está en el bombo de la lotería”: nadie está libre de padecerla y no es siempre una cuestión de edad, pero tampoco es cierto que alguien la vaya a tener sí o sí porque sus abuelos o padres la hayan sufrido, y es que solo es hereditaria en el 1% de los casos. Lo que sí hay son factores genéticos que pueden hacer que seas más proclive a padecerla. La investigación es fundamental, por eso la Fundación Pasqual Maragall tiene desde hace unos meses una Unidad de Investigación Clínica en Prevención de la Demencia única en el mundo, que va a estudiar el riesgo de desarrollar la enfermedad a 5 años vista en personas que presentan pérdidas subjetivas de memoria sin estar diagnosticadas. Se trata de un estudio que se prolongará durante 3 años, con 400 voluntarios de 60 a 80 años, porque ese es otro aspecto importante en la investigación: “los voluntarios son el alma de muchos proyectos”. Se busca poder actuar lo antes posible y de manera personalizada, fijando una estrategia a seguir para disminuir el riesgo de que se desarrolle la enfermedad o para retrasar lo máximo posible su aparición.

Y es que anticiparse es clave, “porque si fuésemos capaces de retrasar su inicio 5 años, el número de enfermos podría reducirse casi a la mitad”; ese es el cálculo. Detectándola lo antes posible podrían llegar a diseñarse programas de prevención que ayuden incluso a frenar la aparición de los síntomas: “estamos todavía lejos de decir que podemos evitar que aparezcan” -explica Nina Gramunt- pero, detectando la fase preclínica, esa que empieza de forma silenciosa hasta 20 años antes de que la demencia dé la cara, “es probable que podamos postergar su aparición”. Esto es determinante porque, cuanto más tiempo pueda mantenerse una relativa autonomía del enfermo, mejores serán su calidad de vida y la de la cuidadora o el cuidador, y menores serán los costes económicos: y hablamos de 35.000 euros anuales para la familia y para la sociedad.

Toda la investigación puntera a nivel mundial se concentra ahí, y en la Fundación trabajan también en el Estudio Alfa, uno de los más complejos y con más participantes del mundo (2.743, de 45 a 75 años, la mayoría descendientes de personas con Alzheimer que están sanos); un estudio sin fecha límite, porque es a muy largo plazo, y en el que el valor lo va a dar el análisis retrospectivo de los resultados: el objetivo es conocer los factores de riesgo y los indicadores biológicos que podrían incidir en el desarrollo de la enfermedad. También están empezando a aplicar las primeras estrategias farmacológicas a personas en las que el porcentaje de riesgo de desarrollarla es muy alto, y participan en proyectos internacionales porque “solo compartiendo conocimientos y sumando esfuerzos haremos realidad un futuro sin Alzheimer”.

La investigación es fundamental, pero también son muy importantes los hábitos saludables: los estudios apuntan que 1 de cada 3 casos podría evitarse siguiendo un estilo de vida saludable y controlando los factores de riesgo (mala alimentación, sedentarismo, tabaco, alcohol…): “porque la salud cardiovascular es fundamental para promover la salud cerebral”, en palabras de la doctora Gramunt, “como lo son la actividad cognitiva (inquietud, nuevos aprendizajes) y la social (estar con otros)”.

Se van dando pasos, pero investigadores, profesionales y asociaciones coinciden en que la implicación de las Administraciones es insuficiente, por eso la labor de difusión es básica para que la sociedad presione y haga oír su voz.

QUE SE APRUEBE YA EL PLAN NACIONAL DE ALZHEIMER

Lo primero es contar con un censo para saber realmente cuántos enfermos hay en España: las cifras que se manejan van desde los 800.000 hasta el 1.200.000, que en 2050 podrían ser el triple por lo que estaríamos en niveles de epidemia. A estos habría que añadir muchos casos infradiagnosticados y/o mal diagnosticados, según la neuropsicóloga de la Fundación Pasqual Maragall. Esto se incluye en el Plan Nacional de Alzheimer, que tanto la presidenta de CEAFA como la vicepresidenta de FAGAL consideran imprescindible aprobar cuanto antes, con la correspondiente dotación económica. Un plan impulsado por el IMSERSO, en el marco del Grupo Estatal de Demencias (GED) y con la coordinación del Centro de Referencia Estatal de Salamanca (CREA), en cuya elaboración han participado los colectivos que conviven con la enfermedad: pone en el centro los derechos y la dignidad de la persona y atiende a cuidadores y familias, trata cuestiones legales y éticas, de educación, de investigación (biomédica y social), y también de la necesaria formación de los profesionales de urgencias y de atención primaria, “estos últimos clave para que el diagnóstico llegue lo antes posible, ganando así un tiempo precioso”.

Reclaman que las Administraciones muestren una mayor sensibilidad con ellos, aligerando la burocracia y no complicando tanto las cosas, porque hemos llegado a un punto en el que muchas familias incluso renuncian a solicitar ayudas. Valoran el apoyo que suponen los centros de día y las unidades de respiro, pero piden soluciones para atender al enfermo en las fases avanzadas, cuando el cuidado en casa se vuelve imposible, porque los hospitales están diseñados para tratar casos de agudos y no se adaptan a las necesidades de un paciente crónico. No todos pueden asumir el coste que supone ingresar a su familiar en una residencia, y el modelo de atención paliativa en el hogar no está desarrollado: cuenta Cheles Cantabrana que “muchas veces el hecho de que se te conceda esa ayuda depende de que el médico de cabecera empatice contigo” y se queja de que eso no es justo “porque no es una cuestión de empatía, es una cuestión de derechos”. Y las asociaciones van más allá: teniendo en cuenta el envejecimiento galopante de la sociedad española, piden una política de Estado; que se planifique a largo plazo, que todos los partidos políticos tomen conciencia y hagan del Alzheimer una prioridad sociosanitaria porque es una forma de ver el futuro y de diseñar la sociedad del futuro. “Si no lo vemos como un tema propio y de todos, no seremos capaces de dotarnos de los recursos necesarios para hacerle frente”, dicen.

Todos coinciden en que tomar conciencia es fundamental, porque se trata del primer problema sociosanitario en España, y no sólo en España: se calcula que en el mundo hay ya 36 millones de personas que padecen Alzheimer y 10 millones más que padecen otras demencias.

 

 

Se puede parar la escalada del recibo de la luz

Esencial = sustancial, principal. Es lo que leemos en el diccionario de la Real Academia Española y la definición se ajusta como un guante a lo que es el suministro de energía eléctrica: esencial, sustancial, principal, básico… para el funcionamiento de nuestra sociedad, reconocido así por las propias autoridades, que lo consideran un servicio de interés económico general y, por lo tanto, sujeto a obligaciones específicas de servicio público. A pesar de eso, la factura no deja de subir para las familias, también para las empresas, y hablamos de casi 30 millones de contratos solo en el mercado doméstico: en septiembre sumó el sexto incremento mensual consecutivo, convirtiéndose en la tercera más cara de la historia.

Desde el equipo jurídico de FACUA, Jordi Castilla echa cuentas y habla de un encarecimiento del 16% con respecto a hace doce meses y nada más y nada menos que del 90% en los últimos 15 años, lo que supone pagar casi el doble. Nos referimos a la tarifa semirregulada (PVPC), que es la recomendada por las organizaciones de consumidores, pudiendo ser, con un contrato de discriminación horaria. Y eso tomando como referencia los datos de un usuario medio, que consume 366 kWh mensuales con una potencia contratada de 4,4 kW. Y la tendencia es que siga subiendo, ya veremos el porqué.

Volviendo a que la energía servicio esencial, con un precio “desorbitado”, las organizaciones de consumidores -también algunos partidos- instan al Gobierno a poner en marcha medidas eficaces, no parches o “tomaduras de pelo” como la suspensión durante seis meses del Impuesto a la Generación Eléctrica y del Impuesto Especial de Hidrocarburos (las propias compañías vienen reclamando que se supriman), que dicen supondrán un ahorro pírrico.

¿QUÉ HACER? LOS IMPUESTOS

En FACUA Consumidores en Acción llevan tiempo poniendo encima de la mesa demandas como la bajada del IVA del 21% al tipo superreducido del 4% aplicable a los servicios básicos: según sus cálculos eso nos permitiría ahorrar hasta 130 euros anuales; paralelamente defienden que se rebaje o suprima el Impuesto Especial sobre la Electricidad, otro 5%, y estas no son las únicas tasas directas que abonamos, no: está además el 1,5% a los ayuntamientos por el uso del subsuelo, de manera que más de una cuarta parte del recibo son impuestos. Y hay que tener en cuenta los tributos a los que deben hacer frente las eléctricas, que se acaban trasladando a los usuarios: la generación eléctrica y el Impuesto Especial de Hidrocarburos (ahora en suspenso durante medio año), la tasa para el desmantelamiento de las centrales nucleares a los 40 años y los derechos de emisión de CO2.

Y HAY MÁS…

A los impuestos se suman los llamados costes regulados, que suponen alrededor del 40% de la factura. ¿De qué estamos hablando? De los asociados a las redes de transporte y distribución, pero también de las primas a las renovables, de las compensaciones extrapeninsulares (lo que pagamos todos para que en las islas no se dispare el recibo), de la amortización del multimillonario déficit tarifario (y los intereses) y de los costes del servicio de interrumpibilidad, para que la gran industria pare cuando no hay suficiente generación para abastecer a toda la demanda.

FACUA apuesta por revisar algunos de estos conceptos como el déficit tarifario y, sobre todo, sus intereses; o el de la interrumpibilidad, entendiendo que no debería abonarlos el consumidor o, por lo menos, no a través del recibo de la luz. Y no es la única: hay expertos que consideran que la amortización de la deuda, las compensaciones a las islas o las primas a las renovables tendrían que incluirse en los Presupuestos Generales del Estado. Incluso el Defensor del Pueblo ha pedido al Ejecutivo que actúe sobre las tasas y la parte regulada, sabiendo que hablamos de un bien de primera necesidad (de un servicio esencial).

Recapitulando: como hemos dicho, más del 27% son impuestos y el 40% son costes regulados, lo que nos deja claro que el consumo real es apenas un tercio de la factura, que es lo que abonamos por la energía contratada y consumida. Y también ahí se puede actuar, porque el modelo de puja en el que se fija el precio de la electricidad en el mercado mayorista “es opaco y favorece la especulación”, denuncia FACUA. Jordi Castilla destaca como una de sus principales reivindicaciones la necesidad de crear una tarifa regulada para todas las familias que no superen los 10 kW contratados con un tope razonable de consumo en su primera vivienda. Y nos explica que, con el debido desarrollo normativo, esta fórmula no entraría en contradicción con las leyes comunitarias.

Otras posibilidades pasan por fomentar la competitividad en el sector, limitando la generación por parte de un mismo productor eléctrico al 10-12% (aquí mejor no hablamos de cuántos políticos acaban los consejos de administración de las principales eléctricas), y por apostar por las renovables. En este sentido, bueno es que el Gobierno haya eliminado el llamado impuesto al sol y las trabas al autoconsumo, mínimo en nuestro país. Como bueno es que les haya prohibido a las comercializadoras realizar acciones de publicidad o contratación de sus productos mediante visitas domiciliarias, el llamado puerta a puerta.

UN BONO QUE SEA DE VERDAD SOCIAL

Mejorar el bono social eléctrico es imprescindible para FACUA Consumidores en Acción si se quiere mantener, y considera vergonzosos los cambios aprobados en el último Consejo de Ministros. Los resume, de hecho, en un ínfimo incremento en el ya de por si reducido número de kW bonificados desde el año pasado, equivalente -dice- a entre 2 y 5 horas de aire acondicionado gratis al mes. Y acusa al Gobierno de activar una campaña publicitaria engañosa al afirmar que supone un ahorro del 25% en el recibo, porque se olvida de que ese descuento solo se aplica en los primeros kW consumidos: eso significa que, para una familia media sin menores, el ahorro puede no pasar del 11%. Pone además en duda el aumento de beneficiarios, cuestionando que no se dé acceso a hogares con bajos ingresos que quedan fuera de la escasa renta marcada como tope por el anterior Ejecutivo y mantenida por este. Y critica que, sin embargo, pueda beneficiarse cualquier familia numerosa por elevados que sean sus ingresos.

Solo 700.000 familias de los 4 millones que tenían derecho al bono de 2009 han conseguido renovarlo. Porque esa es otra: desde el principio generó dudas que hubo que ir solucionando sobre la marcha, lo que retrasó su puesta en marcha efectiva, además el papeleo es interminable y se evidencian cuestiones no menos importantes, relativas al ámbito íntimo, privado o personal de los usuarios, que nada tienen que ver con la tarifa energética, así, ¿por qué tienes que facilitarle datos tan personales como el de si tienes una discapacidad a la empresa que te suministra la luz?, ¿es relevante?

“Así difícilmente se acabará con la pobreza energética”, que afecta a millones de personas en España, dice Jordi. Atendiendo a los últimos datos de la Asociación de Ciencias Ambientales, que viene analizando este problema desde hace varios años, el 15% de la población sufrió en 2016 temperaturas inadecuadas en la vivienda, retrasos en el pago de recibos o ambas situaciones; y el 2% sufrió algún tipo de desconexión del suministro eléctrico. Son sobre todo hogares con sus miembros en paro, encabezados por personas que cobran una prestación, con una viuda al frente o monoparentales, en los que tenemos niños y niñas estudiando a la luz de las velas, familias que apenas se pueden permitir cocinar y se alimentan de productos ya cocidos o de lata, y nada de encender la calefacción.

HAY QUE SEGUIR PRESIONANDO

Desde FACUA tienen claro que hay que seguir presionando para que el Gobierno vaya dando pasos que se traduzcan en medidas que notemos en nuestros bolsillos para bien, porque el precio de la electricidad va a seguir subiendo. ¿Por qué? Porque a no ser que tengamos un otoño muy lluvioso y ventoso -los meteorólogos no se ponen de acuerdo en que vaya a ser así- habrá que continuar tirando de combustibles fósiles (carbón, petróleo) que van a seguir por las nubes; los expertos también avanzan que el precio de los derechos de emisión de CO2 mantendrá la escalada; y tampoco se espera que baje el precio en el mercado mayorista francés, del que también importamos. Así que, toca redoblar las reivindicaciones y hacer más fuerza, porque regulando la potencia contratada, la calefacción, no dejando ningún aparato en stand-by…podemos aligerar algo la factura, pero no mucho.

P.S.: para l@s que quieran saber a diario cuales son las mejores horas para poner a lavadora o pasar la aspiradora, SIEMPRE EN LA PÁGINA DE RED ELÉCTRICA DE ESPAÑA.

minusVÁLIDOS

  Minusválidos. Quen de nós non o é? Por que non pensar que, se cadra, parte da responsabilidade desas chamadas “minusvalías” témola os que non somos quen de poñernos no seu lugar, de tentalo cando menos? Cada un de nós, os chamados “válidos” ou “máis válidos” para a sociedade, podémonos ver nesoutro lado do espello en calquera momento e, inexorablemente, se o tempo segue o seu decorrer natural: persoa maior e limitacións de mobilidade adoitan ir da man, e o caso é que ninguén repara niso ata que chega o momento.

  Esas son as limitacións coas que se topou Ana Balboa hai case catro décadas, cando era só unha pícara. Desde entón camiña pola vida nunha cadeira de rodas, como tantos e tantas que -ben por enfermidade coma ela, ben por accidente- vense un día na mesma situación. E, se xa nunca é doado, menos aínda sendo unha nena. Ela sacou folgos de onde non sabía que os tiña para espremer cada minuto e licenciouse en Bioloxía pola USC, indo e vindo a diario en coche desde A Estrada, onde viviu cos pais ata non hai moito, facendo ás veces catro viaxes, co esforzo engadido que iso supón a nivel físico. Á licenciatura sumoulle estudos de auxiliar administrativa e agora preside AMICO, a Asociación de Persoas con Discapacidade de Compostela e Comarca, que é membro de COGAMI, a Confederación Galega de Persoas con Discapacidade.

Barreiras arquitectónicas

  Se o día a día é unha verdadeira carreira de obstáculos nunha cidade, nas vilas a situación complícase aínda máis á hora dos desprazamentos polo que non só a cadeira de rodas senón tamén o coche acaban por converterse nunha prolongación dun mesmo, facéndose imprescindible para todo… “Grazas ó apoio dos teus, senón sería imposible”. Recoñecendo que algo se avanzou no campo da accesibilidade para as persoas con mobilidade reducida, nunha ou noutras as barreiras arquitectónicas seguen formando parte da paisaxe: desde as subidas ás beirarrúas ou o propio firme das rúas, ata os caixeiros dos bancos, pasando pola maioría dos locais e mesmo polos edificios públicos. Cómpre destacar as difcultades para o uso do transporte público urbano, porque dos taxis, mellor nin falar: non hai moitos adaptados e son máis caros, polo tempo que se tarda en prepararse para saír, algo polo que se penaliza ós usuarios. Os que dispoñen de vehículo propio adaptado, atópanse co problema dos estacionamentos: son poucos e as máis das veces están ocupados por quen non ten un mínimo de consideración; atopar un aparcadoiro con ascensor e con prazas reservadas para persoas con discapacidade é tan difícil como atopar unha agulla nunha palleira!

  Por se iso non abondase, hai que contar coa lei de Murphy que o pon todo aínda máis difícil. E, si, iso pasoulle a Ana en xaneiro deste ano, cando se lle estragou a cadeira de rodas eléctrica coa que se manexa. Cunha pensión non contributiva de invalidez non se pode nin pensar en mercala. A súa facilitáronlla as autoridades sanitarias, que eran as que debían decidir sobre o posible arranxo, algo que non fixeron; presentou a correspondente queixa, tamén ante a Valedora do Pobo, pero non lle quedou outra que agardar, e así segue porque para recibir unha nova teñen que pasar catro anos que, no seu caso, fanse neste mes de outubro. Por iso quere crer que o seu illamento forzoso case total (mesmo ten que pensar dúas veces o de desprazarse ó centro de saúde) debería estar chegando á súa fin. “Cunha cadeira manual o esforzo é titánico a medida que vas sumando anos”: unha, porque xa a tod@s nos custa máis e outra, porque a musculatura se vai atrofiando pola falta de movemento. E é que moitos non poden pagar o fisioterapeuta que precisarían a diario (ela vai unha vez por semana). É certo que hai achegas das Administracións pero quedan curtas, e aí é onde se pon de relevo o labor de asociacións como AMICO e de confederacións como COGAMI que, con todo, segue sen chegar a todos. Algo parecido pode dicirse do complemento para poder contar cunha persoa de apoio para realizar as tarefas máis esenciais (aínda non 200 euros mensuais para aqueles que teñen un grao de discapacidade igual ou superior ó 75%) ou do programa de apoio no fogar: “axudan pero non abondan”.

Máis barreiras

  As barreiras arquitectónicas non son as únicas a superar, están tamén as laborais. Con máis de 3.200.000 parados rexistrados nos servizos públicos de emprego, atopar traballo custa moito, sobre todo se és muller, máis aínda se tes unha discapacidade como a de Ana Balboa, “a tripla discriminación”. Di ela que o sector público debería telos máis presentes e que, ó privado, é practicamente imposible acceder, ata o punto de non chegar a facer nin sequera a entrevista porque o lugar non é accesible ou por preguntar por teléfono se o é. Hai incentivos públicos para a contratación pero -explica- quen contrata bota contas do que lle vai custar adaptar o posto e esvaécese entón calquera posibilidade que poidas ter. “Nin se preocupan por coñecer as túas capacidades, sobre todo canto maior é o grao de discapacidade”.

  E aí veñen as barreiras mentais, “a falta de implicación dos que toman as decisións, que van dando pasos ben pequenos, avanzando moi lentos e, case sempre, con atraso sobre o comprometido”. Falta de implicación á que se une o escaso labor de sensibilización, un oco que organizacións como COGAMI e asociación como AMICO tentan cubrir, sendo os propios políticos os primeiros a sensibilizar a través de iniciativas como “Ponte no meu lugar”, realizada hai uns días na capital galega co gallo da Semana Europea da Mobilidade, para que sintan en primeira persoa o que supón percorrer un pequeno treito en cadeira de rodas. Consideran imprescindible que os cidadáns tomen conciencia do complicado que é o seu día a día, que se identifiquen con eles para ter así máis forza para pelexar polas súas reivindicacións, por dereitos fundamentais recollidos na Convención sobre os Dereitos das Persoas con Discapacidade, un tratado internacional asumido por España. Tentar mudar as cousas é a meta pero “o desgaste físico e mental é bestial”, aínda co movemento asociativo facéndolles de altofalante para que se escoite a súa voz. Pero “aí seguimos e seguiremos loitando -di Ana- porque non se pode abandonar”.