“Las Fuerzas Armadas dan cobijo a delincuentes sexuales”

‘Déjate violar, deja que te acosen sexualmente y no denuncies porque no te vamos a creer’. Este es el mensaje que según el exteniente Luis Gonzalo Segura está enviando el Ejército a las mujeres que sufren violencia sexual en sus filas, y lo dice apoyándose en los datos que ha recopilado para escribir su último libro, ‘En la guarida de la bestia’, que se acaba de publicar: asegura que hasta 2015 hay constancia de sesenta y dos denuncias por delitos contra la libertad sexual con el resultado de doce condenas y que solo en los últimos tres años han sido por lo menos noventa las presentadas con una única condena: “Justo cuando las militares empezaban a atreverse a denunciar, la Justicia a la que deben someterse, la militar, reduce de forma importante el número de condenas, algo escalofriante que demuestra que a la mujer no se la cree en el estamento militar, lo que les envía un claro mensaje: que no den el paso porque no les servirá de nada”.

Afirma que lo peor de estos casos no es solo que se produzcan sino las “terribles” consecuencias que han supuesto y suponen para quienes se deciden a acudir a los tribunales, “físicas y psicológicas, porque no olvidemos que además de ser agredidas o acosadas sexualmente son las más de las veces víctimas de la impunidad de sus agresores, del desprecio de sus compañeros y de un acoso laboral feroz para que renuncien, tanto si han obtenido una condena como si no. Pensemos en la mujer que denunció a un superior que no fue condenado a pesar de que la Fiscalía estaba de su lado y al reincorporarse al servicio le impusieron 31 días de arresto por denuncia falsa cuando ningún juez lo sentenció”. Y es que Luis Gonzalo Segura explica que denunciar es visto como una traición, más todavía cuando la denuncia es por violencia sexual.

“El patrón es siempre el mismo”

Este exteniente del Ejército de Tierra explica que en todos los casos documentados se repite un mismo patrón: “El agresor está en una posición de superioridad jerárquica y la mujer se queja reiteradamente a sus mandos -en ocasiones tiene que hacerlo ante el propio agresor- siendo sus quejas reiteradamente ignoradas; cuando presenta la denuncia, aparecen múltiples obstáculos y una auténtica arquitectura creada para silenciarla y, si logra que se tramite, se topa con una jurisdicción militar que también de forma repetida intenta que se anule o sea archivada; vaya o no adelante el proceso, llega el acoso laboral, que es una especie de castigo por haber dado un paso al frente, gane o pierda la batalla legal; todo para expulsar a la víctima mientras se protege al agresor que en muchos casos es condecorado o ascendido, porque evidentemente la culpable tiene que ser ella”. De hecho cuenta que solo uno de los trece militares condenados -que se sepa- por delitos contra la libertad sexual fue expulsado y lo fue porque agredió a una oficial superior, al aplicársele esa circunstancia agravante, “un auténtico disparate porque si hay una circunstancia agravante es que se agreda o abuse de alguien aprovechando que se está en una situación de poder no a la inversa, lo que demuestra la incapacidad de la Justicia militar para ocuparse de este tipo de delitos. No solo eso: 13 condenas y un único expulsado supone que las Fuerzas Armadas dan cobijo a delincuentes sexuales: un capitán condenado por veintiocho agresiones sexuales, un teniente coronel sentenciado por cuatro, un coronel por una, un teniente condenado por intento de violación…

Y Luis Gonzalo Segura alerta de que los 152 casos documentados “son solo la punta del iceberg porque hay muchos que no acaban en denuncia, muchas mujeres que no se ven con fuerzas para dar el paso o que en un determinado momento desisten”. Destaca que se viene repitiendo que en las FFAA hay en la actualidad unas quince mil mujeres cuando asegura que desde el Real Decreto que les abrió la puerta en 1988 han entrado veintidós mil, lo que significaría que alrededor de siete mil han causado baja por causas distintas a la jubilación, porque acaba de ascender a general una de las que entró en la primera promoción por lo que no les ha dado tiempo de jubilarse. ¿Cómo se explica entonces que una de cada tres ya no esté? Su respuesta a esta pregunta es que, por lo menos en parte, puede deberse a que muchas hayan sufrido agresiones, abusos o acoso sexual: “Podemos estar hablando de varios miles que han abandonado por esa razón. Que haya mujeres que tengan que marcharse para no seguir sufriendo abusos, que las pueda haber que sigan estando sometidas y nadie intente buscar una solución demuestra que este país no es una democracia plena”.

“El principal problema para la mujer en el Ejército, la Justicia militar”

Para el autor de ‘En la guarida de la bestia’ los fichajes y los ascensos de mujeres militares no deben ni pueden pretender utilizarse para no hablar de “un problema tan grave como este, que tiene sus raíces en el machismo que impera en el Ejército”. Dice que lo primero que tendría que hacer el Ministerio de Defensa es abrir una investigación al respecto -como se hizo en Canadá en 2015 después de que se publicase un ensayo parecido al suyo- pero está convencido de que “desgraciadamente, nunca lo hará” y para él esto es aún más indignante si tenemos en cuenta que estamos hablando de un Gobierno socialista con una mujer al frente de Defensa, lo cual demuestra que “el hecho de que haya un Gobierno de izquierdas o no, o de que haya una ministra o no, no cambia nada, por lo menos en las Fuerzas Armadas”. Y eso que la solución -afirma- es obvia: “Acabar con la Justicia militar, que ya no es que sea un anacronismo heredado del franquismo -que por supuesto que lo es- sino que es una anomalía, por lo que eliminarla o restringirla a tiempos de guerra, a conflictos militares o a delitos de naturaleza exclusivamente militar nos situaría al nivel de lo que hay en buena parte de Europa”.

Defiende que una militar debería poder acudir a la Justicia ordinaria, en la que no están representados los compañeros de quien la ha agredido, y aclara que eso es lo que buscan muchas víctimas que salen de los cuarteles para denunciar, “tener por lo menos una oportunidad que no siempre consiguen porque la Justicia militar lucha con uñas y dientes para quedarse con estos casos”. Y es que asegura que un delito puede tener diferente castigo o no tenerlo dependiendo de si la mujer agredida es militar o no o de si el delito se cometió o no dentro de un cuartel, “lo cual es aberrante y va en contra de la esencia misma del Estado de Derecho”.

¿Por qué el Gobierno no se implica cómo debiera?

Para Luis Gonzalo Segura el hecho de que el PSOE ni siquiera contemple llevar a cabo esta reforma prueba hasta qué punto existe una falta de iniciativa y de interés político que explica “por la falta de interés mediático, porque los políticos solo se mueven cuando ven la posibilidad de sacar réditos electorales y para eso hace falta que el tema tenga repercusión en los medios de masas y que la sociedad se movilice”. Con esa idea escribió un libro con el que pretende que la ciudadanía tome conciencia de la magnitud del problema para que pueda suponer un punto de inflexión “y que la violencia sobre la mujer en el seno del Ejército deje de gozar de esta impunidad y las víctimas encuentren un respaldo institucional y una estructura legal que les ofrezca todas las garantías exigibles de independencia e imparcialidad”; pero no está teniendo el eco que esperaba.

Cree que esa falta de repercusión se debe al poder que sigue teniendo a día de hoy el Ejército y al hecho de que “las mujeres militares son mujeres para la derecha y militares para la izquierda, lo que las sitúa en un limbo de indiferencia que tiene consecuencias devastadoras para ellas”. Para él, como debería serlo para tod@s, es intolerable que los delitos de carácter sexual en las FFAA no generen el mismo rechazo social que si la víctima no es militar; siempre partiendo de la máxima de que el funcionamiento lógico de la Justicia no puede depender de que tu caso aparezca o no en los medios de comunicación.

Tengan más o menos eco sus denuncias en esos medios Luis Gonzalo Segura no piensa callarse y de hecho este teniente expulsado tras denunciar la corrupción en las Fuerzas Armadas prepara ya el que será su quinto libro cuando ha publicado el último, que va ya camino de la tercera edición, hace poco más de un mes. También seguirá con la batalla legal para recuperar los galones que, después de cinco años, mira a Europa a falta del pronunciamiento del Tribunal Constitucional del que nada espera: “Continúo luchando por recuperarlos para volver porque necesitamos voces críticas en las FFAA que se opongan al actual funcionamiento del sistema para que se mejore; es muy preocupante que los críticos y demócratas estemos siendo expulsados”. Confía en que la Justicia europea le dé la razón, pero no antes de otros cinco años con lo que habrán pasado diez desde su expulsión, quince desde que emprendió su batalla por el cambio, “y estar siendo castigado durante todo ese tiempo es en sí mismo una injusticia que nadie va a poder reparar porque el daño ya está hecho”. Aun así no se arrepiente, eso nunca, porque sabía que iba a ser difícil y porque para él lo más importante es hacer lo que cree que hay que hacer, “la íntima satisfacción del deber cumplido”.