¿Cuántas científicas conoces?

Salimos a la calle a hacer una encuesta entre los transeúntes. La pregunta era fácil: nombres de científicos, y nos responden con hasta cinco, algunos de ellos españoles; pero la cosa cambia cuando les pedimos que nos digan nombres de científicas: el único que conseguimos es el de la polaca nacionalizada francesa Marie Curie. ¿Por qué? Esta es la pregunta de la que parte y a cuya respuesta intenta hacer frente el documental “¿Por qué tan pocas? Tecnólogas y científicas a la luz”, impulsado por cuatro profesoras de la Universidad Complutense de Madrid que se estrenaba la semana pasada en Madrid.

  ¿Son realmente tan pocas? Nos responde Carlota Coronado, una de las promotoras de esta iniciativa y fundadora de la productora que la ha llevado adelante, Zampanò Producciones: “No son pocas, pero es cierto que buena parte de ellas se concentran en la rama biosanitaria y que los porcentajes son más bajos en Ingeniería, Física o Informática, de elección mayoritariamente masculina. Cuando eliges lo que quieres estudiar -explica- no te decantas por estas carreras, entre otros factores, porque desde la infancia estás influenciada por todo lo que absorbes y ves a tu alrededor; al final es una cuestión de lo determinante que es lo que nos llega a través de la Educación y de cómo nos socializamos”. Entonces, si no son tan pocas, ¿por qué no las conocemos? “Porque no se habla de ellas en los libros de texto ni en los medios de comunicación; es decir, las hay pero no las vemos y como no podemos querer ser aquello que desconocemos, es imprescindible darles visibilidad”.

El porqué de “¿Por qué tan pocas?”

  Ese es el principal objetivo de “¿Por qué tan pocas?”, “que empecemos a visibilizar a todas esas grandes científicas y tecnólogas que tenemos en España; verlas para conocerlas y poder tener la opción de querer ser como ellas, o lo que es lo mismo, para crear nuevos referentes femeninos en la ciencia para las adolescentes y las niñas… y también para ellos”. Porque, asegura Carlota Coronado, si vemos mujeres destacando en un determinado sector es muy probable que, como mujeres, nos identifiquemos más con ellas y se despierte en nosotras el interés para que puedan surgir más vocaciones científicas entre las jóvenes, “vocaciones que son necesarias porque las ramas dedicadas a la ciencia son el futuro y con ellas podemos cambiar el mundo”.

  En el documental nos acercan el testimonio de veinte profesionales españolas en activo: desde las más veteranas, que han abierto camino, hasta las más jóvenes. Son Margarita Salas, bioquímica; María Vallet, catedrática de Química Inorgánica; Lucía García, astrofísica; Sara de la Fuente, ingeniera aeronáutica; las ingenieras robóticas Elena García y Concha Monje; Sara Gómez, ingeniera industrial; Belén Prados, ingeniera informática; Asunción Gómez, catedrática de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial; Clara Grima, matemática; las físicas Lourdes Marcano, María Josefa Yzuel, Pilar López, Susana Marcos e Irati Rodrigo; Elvira Moya, física nuclear; las biólogas María Blasco y María José Sanz; Elena Ojea, científica ambiental y Margarita Marqués, doctora en Veterinaria. Veinte mujeres apasionadas por su trabajo que transmiten la pasión que sienten por sus profesiones.

  Las impulsoras del proyecto también lo concibieron con la idea de ayudar a construir una nueva cultura científica en la que las mujeres adquieran protagonismo, desmontando la idea que tiene el 63% de la población que, según una encuesta realizada por la Fundación L’Oreal hace cuatro años, cree que las mujeres no sirven para ser científicas de alto nivel; ellas han respondido presentando a veinte mujeres, veinte ejemplos de los muchos que hay, que demuestran lo contrario.

“¿Cómo va a haber más científicas si no hacemos que se vean las que hay?”

  Se echan en falta más científicas y tecnólogas tanto en los medios de comunicación como en el sistema educativo. Carlota Coronado, profesora de Comunicación y Género en la Universidad Complutense de Madrid, se queja de que los periodistas -y también, aunque resulte incoherente, las periodistas- no acuden habitualmente a expertas sino a expertos y llama a cambiar esta práctica y a mostrarlas “porque viéndolas, escuchándolas, conociéndolas… se sabe no solo que existen sino que son muchas más de las que se piensa y mucho más importantes de lo que parece (a pesar de desarrollar su trabajo en un -hasta ahora- mundo de hombres)”; insta además a que los medios den a conocer el trabajo que realizan estas profesionales “porque eso ayuda a que la gente las conozca y ese hecho, por sí mismo, abre caminos”. Pero también deja claro que eso no es responsabilidad exclusiva suya sino compartida con las instituciones, las administraciones y la propia sociedad: “Un ejemplo perfecto son los libros de texto, en los que apenas aparecen mujeres -ni científicas ni de otros campos-, echa un vistazo al porcentaje de exposiciones individuales de artistas mujeres que se programan en los museos…; son todas patas del mismo problema, y tenemos que hacer algo para darle la vuelta a esa realidad empezando, por supuesto, por la Educación”.

  Para eso nació “¿Por qué tan pocas? Tecnólogas y científicas a la luz”, para romper barreras y para borrar del imaginario colectivo esa idea de que la ciencia es un mundo de y para hombres, cuando lo que debería ser es ‘un mundo de personas con vocación y pasión por lo que hacen, sin importar el género’; la frase es de una de sus protagonistas, Margarita Marqués. Para Carlota Coronado, “lo ideal sería que no tuviésemos que reivindicar el papel de las científicas y tecnólogas, pero debemos seguir haciéndolo porque todavía no hemos llegado a una situación de igualdad. Quedan aún muchas mejoras por conseguir en la situación de la mujer en la ciencia”.

Empieza un nuevo viaje

  El documental se estrenó con éxito la semana pasada en Madrid; ahora “toca enviarlo a festivales de todo el mundo para que se vea”, y en otoño llevarlo a cines de otras Comunidades, gracias al apoyo y la colaboración de las científicas participantes y de asociaciones feministas. Pero para las promotoras de la iniciativa -las profesoras de la Complutense Isabel Tajahuerce, Yanna G.Franco y Elena Ramírez, junto a Carlota Coronado- es muy importante la parte didáctica de la iniciativa, que cuenta con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, de ahí que apostasen por un proyecto audiovisual “porque lo audiovisual tiene más fuerza y poder de penetración en los jóvenes que lo escrito”; ya han mantenido contactos con distintos colegios e institutos para que lo proyecten a lo largo del próximo curso académico 2019/2020.

  Quienes están detrás dicen que empieza “un nuevo viaje” para “¿Por qué tan pocas?” y dejan clara su total disponibilidad para facilitárselo a todo aquel que se lo pida: “porque es necesario que se vea, para eso lo hemos hecho -afirman- y cuánta más gente lo vea, mejor”. Para que haya cada vez más mujeres protagonistas en la ciencia y en la tecnología, para que su trabajo se conozca y reconozca cada vez más y para que cuando alguien nos pida que nombremos alguna no dejemos de añadir nombres a la lista.

P.S. Podéis encontrar toda la información sobre este proyecto y contactar con sus responsables en la web https://porquetanpocas.com, donde encontraréis pequeñas ‘píldoras audiovisuales’ de los testimonios de sus veinte protagonistas.

“ELLAS son verdaderas heroínas y deberían ser modelos a seguir”

Las mujeres desplazadas y l@s activistas que luchan por sus derechos tendrían que ser referentes bien visibles, pero en lugar de eso son asesinadas, secuestradas, vejadas, discriminadas, despreciadas, silenciadas o acosadas judicialmente como está sucediendo por ejemplo en la Unión Europea con quienes salvan vidas en el Mediterráneo: “Si la solidaridad no solo es silenciada sino que está perseguida penalmente, ¿dónde estamos? Estamos en el infierno”, pregunta y responde con contundencia Rubén Sánchez, uno de los portavoces de Acampa pola paz e o dereito a refuxio, una iniciativa ciudadana integrada por cerca de sesenta colectivos sociales, culturales, educativos, vecinales, artísticos, sindicales, políticos…y por personas solidarias que colaboran individualmente con este proyecto que promueve la participación y la implicación para tratar de cambiar la realidad que viven más de setenta millones de personas desplazadas forzosas, de las que aproximadamente la mitad mujeres, acercando su cruel día a día y sus testimonios a la opinión pública, poniéndonos en antecedentes para que podamos exigir a los gobernantes que actúen. Explica que tratan de que se sepa lo que está pasando, de acercarnos toda la información y todos los datos de una manera rigurosa para que saquemos nuestras propias conclusiones, convencidos de que la unión hace la fuerza y de que cuantos más seamos, cuantos más datos tengamos, cuantas más circunstancias conozcamos “se podrá conseguir una reacción mucho más humana y solidaria de la que están teniendo Gobiernos como los europeos, que son además los que provocan lo que está sucediendo aplicando una política migratoria que mata, y no solo en el Mediterráneo, porque no sabemos cuántas muertes se producen en el camino para llegar al mar; y esto se debe a la acción de unos políticos que nosotros hemos elegido para que nos representen, por eso necesitamos toda la información para saber a quién votamos”.

Ese es el espíritu de Acampa, que pretende tejer una red de información e intercambio de ideas e iniciativas para buscar, de forma colectiva, avances en la defensa de los Derechos Humanos y -en concreto- del Derecho a Refugio, “que se transgrede en demasiadas ocasiones cuando quien busca acogerse a él procede de un país pobre -que ha tenido que abandonar huyendo de la guerra, de la persecución y de maltratos de todo tipo- porque se le cierran las puertas que sí se abren para otros”. Desde el Movimiento denuncian que la política migratoria europea “está causando un sufrimiento innecesario a cientos de miles de desplazad@s que se juegan la vida por arribar al viejo continente cuando podrían trasladarse a territorio comunitario en cuestión de horas si existiese un sistema de visados humanitarios, algo que reclamó la Eurocámara a finales del año pasado; en lugar de eso, cientos de personas se ven obligadas cada día a cruzar África realizando un trayecto incierto que pueden tardar en recorrer hasta tres años para llegar a una costa donde las alternativas son o subir a una precaria embarcación a ver si la suerte está de su lado y logran llegar a la otra orilla o saltar una valla con concertinas que pueden resultar mortales para ser expulsadas las más de las veces en el mismo día”. Unos riesgos que, tanto en Europa como en el resto del mundo, se multiplican por mil cuando hablamos de refugiadas, cuando las que huyen son mujeres y niñas.

Cuando los riesgos se multiplican por mil

La dureza añadida a cualquier proceso migratorio por cuestión de género ha sido la razón por la cual la tercera edición de Acampa pola paz e o dereito a refuxio, que empieza en A Coruña hoy jueves 20 de junio coincidiendo con el Día Mundial del Refugiado y que hasta el sábado incluirá debates, charlas, exposiciones fotográficas, proyección de documentales y numerosas actividades paralelas, gira entorno a ELLAS, entorno a las más de treinta y dos millones de personas que han tenido que escapar de sus lugares de origen única y exclusivamente por ser mujeres “porque carecen de los derechos más básicos, porque son asesinadas, secuestradas o violadas; porque las obligan a casarse siendo niñas o les practican la ablación de clítoris, además de sufrir -como millones de hombres- persecución por razones políticas, religiosas y/o de etnia, de pasar hambre o de ser víctimas de conflictos armados”. Emprenden así un trayecto “de nuevo doblemente duro y difícil por ser mujeres”, exponiéndose a ser agredidas sexualmente o a convertirse en víctimas de redes de trata de personas que pueden obligarlas a prostituirse en el camino o en el lugar de destino, tanto ellas como sus hijas. Asegura Rubén Sánchez que el drama que sufren las migrantes “es inimaginable y queda tapado cuando se habla de los refugiados en términos genéricos”, de ahí que para el Movimiento sea importante ponerlo en primer plano; también “para que deje de ser invisible como pretenden autoridades como las europeas, responsables de su sufrimiento por no facilitarles un visado que les permitiría entrar a territorio comunitario en condiciones dignas y ‘obligarlas’ a realizar un trayecto doblemente infernal que las marcará para el resto de su vida… si es que consiguen sobrevivir”.

Y la situación no mejora para muchas de las mujeres que lo logran, que se ven sitiadas en campos de refugiados “que se parecen demasiado a los campos de concentración, donde hay quien lleva ya cuatro años esperando una respuesta a su solicitud de asilo en unas condiciones de nuevo más penosas y vulnerables que ellos”, con el riesgo de ser sometidas a violencia sexual y con los Gobiernos poniendo incluso trabas a que las organizaciones humanitarias les entreguen material de higiene básico como pueden ser las compresas. Tampoco aquellas que llegan a un lugar en teoría seguro tienen garantías de que no volverán a ser víctimas de explotación sexual, de violaciones y/o de xenofobia, “y tienen que enfrentarse a una sociedad polarizada con una opinión pública manipulada por la desinformación o por la falta de información veraz, con los socios europeos externalizando la política de fronteras a Libia, Turquía, Marruecos… para situar a las y a los desplazados fuera de nuestro campo de visión con la intención de ocultar lo que sucede, para lo que cuentan con el apoyo de muchos de los grandes medios de comunicación. ¿Cuánt@s migrantes se han quedado por el camino en su periplo por Europa? -se pregunta Rubén Sánchez-, ¿cuántos campos de refugiados que no son reconocidos como tal hay en los países del centro del continente?, ¿qué se sabe del maltrato de los propios Gobiernos a estas personas?”. Y explica que “eso es lo que pretendemos contrarrestar desde Acampa, el apagón informativo, y lo hacemos acercándole a la gente testimonios y experiencias de quienes lo han vivido y lo han sufrido; queremos que todo eso trascienda y se conozca su dura y triste realidad”.

Influir en la política migratoria europea

Son algo más de tres años los que los colectivos e individuos que conforman este Movimiento llevan trabajando para tratar de influir en esa política migratoria europea que mata gente a diario; de hecho, su portavoz nos recuerda que están trabajando para que se reconozca el derecho de asilo por cambio climático teniendo en cuenta que los expertos de organizaciones internacionales como la ONU avisan de que, si no se le pone freno, en las próximas décadas al menos doscientos cincuenta millones de personas se verán forzadas a desplazarse y buscar refugio. Ya han trasladado su demanda a los grupos del Parlamento de Galicia para que aprueben una iniciativa instando al Gobierno español a que lo reconozca, y nos cuenta Rubén Sánchez que están a la espera de reunirse con los distintos grupos del Congreso recientemente constituidos para hacer lo propio con la idea de avanzar a partir de ahí hasta el Parlamento Europeo -sin descartar poner en marcha una Iniciativa Legislativa Popular a nivel comunitario- y hasta la ONU: “Buscamos sensibilizar no solo a los coruñeses y al resto de gallegos y españoles sino lograr que la ciudadanía presione a los dirigentes a nivel europeo y mundial. Nuestra batalla es la de la opinión pública, la del sentido común, porque sabemos que cuando la gran mayoría de la población se indigne y exija a los políticos que pongan fin a este drama, tendremos ganada la guerra a los intereses espurios”.

P.S. En Acampa A Coruña 2019 podréis acercaros a trabajos de reconocidos fotoperiodistas como Anna Surinyach, Lorena Ros, Olmo Calvo o Santi Palacios que documentan la cruda realidad de las mujeres desplazadas; podréis conocer de primera mano la lucha de activistas como Céline Bardet, una de las juristas con más experiencia en crímenes de guerra, Maya Al-Rahabi, voz del movimiento feminista Mujeres Sirias, Jineth Bedoya, impulsora de la campaña contra la violencia sexual No es hora de callar, o Caddy Adzuba, firme defensora de los derechos de la mujer en la RD Congo; asistir a la proyección de documentales de mujeres llamadas a cambiar su mundo… Tenéis toda la información sobre esta edición y sobre lo que es y lo que hace Acampa en la web www.coruna.redeacampa.org

P.S. La instantánea que ilustra el post es de ©Judith Prat/ Boko Haram, unha guerra contra elas.

¡Es que los payasos de hospital tienen efectos secundarios!

¿Para qué va un payaso a un hospital? Esta es la pregunta que se les hizo a un grupo de chavales de 6 y 7 años del Colegio Maristas de Segovia, y entre las respuestas encontramos las que siguen: “Para que los niños que están ingresados no se sientan solos”, “Para animar a los que están tristes”, “Para jugar con los enfermos, para que se rían y no tengan miedo”…, “Porque la risa es la mejor medicina”, “Porque con ellos los enfermos se curan antes, ¿no?”, “Porque los payasos de hospital tienen efectos secundarios”. Tienen efectos secundarios sí, “y no solo para los niños sino para toda la familia, son una inyección de ánimo y una energía extra que llega a todos porque está demostrado que hacen que la sensación de bienestar aumente y que se reduzca la ansiedad”; lo dice, orgullosa de su trabajo, Verónica Macedo –Amandina-, licenciada en Arte Dramático, profesora de clown y pedagoga, que hace quince años fundaba en Madrid -con el apoyo y el empuje de su pareja- la asociación sin ánimo de lucro y declarada de utilidad pública nacional Saniclown-Payasos de Hospital: “Éramos dos médicas, dos profesores y yo los que empezamos visitando a los niños ingresados en el Área Oncológica del Hospital Niño Jesús -recuerda-; ahora somos dieciséis profesionales y estamos presentes de manera regular en tres hospitales de la capital”.

Cuando puso en marcha Saniclown hacía tiempo que sabía que su trabajo daba resultados y era beneficioso para los pacientes que visitaban, que no solo eran niños; de hecho la primera vez que pudo comprobarlo fue con una adulta, una mujer con esquizofrenia ingresada en la UCI de un centro hospitalario de su país natal, Argentina: cuenta que entró acompañada del médico y que al salir este le contó que “estaba alucinando” porque había visto cómo a la paciente se le había normalizado la tensión -que hasta entonces tenía disparada- sin haber recibido ninguna medicación; “ella no dejaba de repetir que le habíamos curado el dolor de cabeza -tensional- y habíamos sido nosotros; mi compañero se había quedado tocando el violín a lo lejos para ayudar a crear un ambiente de relajación”.

“El Payaso de hospital se hace, pero hay que tener vocación”

El objetivo de quienes forman Saniclown no es otro que contribuir al bienestar emocional de los pacientes y de sus familias; lo explica Verónica Macedo sin poder evitar emocionarse al destacar “cómo me conmueve y me llena, cómo me alimenta como persona la fuerza de los intensos momentos vividos…, sentir esa reciprocidad y esa conexión con gente que te aporta tanta fortaleza y que te enseña tanto desde la situación de vulnerabilidad que atraviesa”. Su trabajo ha sido para ella algo claramente vocacional aunque reconoce que “te haces payaso de hospital a base de trabajarlo: se necesita vocación, talento y generosidad, pero puedes tenerlas y no estar preparada para trabajar en un centro hospitalario porque es muy duro y hay a quien la dureza de esa realidad la supera, la oscurece y la entristece”. Es lo que afirma alguien que está convencida de que todos tenemos un clown dentro pero que defiende que la profesión, todas pero sobre todo la suya, “hay que trabajarla mucho y muy a fondo”.

A lo largo de estos quince años han sido miles los familiares que les han dado las gracias por lo que hacen diciéndoles que ‘no tiene precio’ y oyéndola hablar incluso parece fácil aunque esté lejos de serlo: cuenta que, en el hospital, el clown deja aparcado el medidor de risas porque la pretensión de hacer reír “es sustituida por la de beneficiar emocionalmente a la persona transformando el malestar en bienestar, en un rato agradable y divertido partiendo de la empatía, a través del lenguaje de ese clown que no habla ni como tú ni como yo y con el que entramos en un mundo completamente diferente. Desde ese cariño y ese respeto -afirma- tu payasa consigue que surja la risa de una forma tan natural como cuando estás tomando algo con un amigo en una cafetería y te ríes; así de sencillo” -¡Así de difícil!, apuntaría yo. Aclara, eso sí, que lo que no es fácil es lidiar con la situación de dolor: “Es ahí donde resulta determinante el trabajo de los profesionales sanitarios, que te ayudan a ver más allá del deterioro del paciente, conectando con sus ganas de luchar por la vida”, muchas veces gracias a la conexión con los familiares que lo acompañan; “porque en el momento en que tengo al padre bailando ballet conmigo ataviado con su correspondiente tutú, tengo a la peque en la cama tronchándose de risa, y no porque Amandina sea graciosa o la haga reír sino por la fuerza del momento que estamos compartiendo, porque entiendo la situación y quiero darle la vuelta poniéndola patas arriba, y eso es posible con las herramientas que me da el clown”. Asegura que siendo capaz de que los familiares vivan así la hospitalización el éxito está garantizado para las dos partes, porque a los payasos “nos enriquece y nos hace crecer como profesionales y como personas”. Y es que la fundadora y presidenta de Saniclown está plenamente comprometida con su trabajo, siente que ha tenido “mucha fortuna” en su vida, y sabiendo que hay gente hospitalizada que merece lo mejor está dispuesta a todo “para tratar de hacerle más llevadero el ingreso, aportando lo que pueda para que, también en esos momentos, la vida valga la pena”.

“Podríamos ayudar a muchos más pacientes”

Llevan quince años visitando y ayudando a miles de enfermos ingresados (más de 25.000) y de familiares (alrededor 55.000) pero se quejan de que podrían ser muchos más si tuviesen ayuda por parte de las Administraciones, “porque no contamos con apoyo institucional”; cuenta que –“¡por fin!”- han firmado un convenio con la Comunidad de Madrid que, reconociendo los beneficios que aporta su trabajo, los autoriza a realizarlo (explica que no es que hasta ahora no estuviesen autorizados sino que tenían convenios con cada uno de los hospitales en los que están presentes). Esperan que este paso agilice la burocracia y les facilite los trámites con determinados organismos “que hacen que muchas veces te desesperes”.

Estas sombras no impiden que el balance que hace Verónica Macedo de la trayectoria de la Asociación sea “más que positivo”, especialmente ahora que pueden pagarles algo a sus payasos: “el equivalente a trabajar entre dos y cuatro horas a la semana, como un profesor de actividades extraescolares, lo que sirve para dignificar ese tiempo, esa entrega y ese compromiso y demuestra respeto hacia una profesión que va mucho más allá del voluntariado”; también quiere hacer hincapié en que si es posible “es gracias al esfuerzo de quienes han sido muy generosos y han trabajado -algunos siguen trabajando- gratis”. Pero recuerda con tristeza lo que le decía no hace mucho una niña de 6 años a la que le hubiese gustado que los payasos de hospital hubiesen podido visitar a su padre antes de que muriese: “Escuchar eso hace que se te parta el alma, sí, pero al mismo tiempo te da fuerzas para seguir luchando con toda tu energía para poder llegar cada vez a más personas hasta acabar logrando que esta figura se incorpore al sistema sanitario y que en todos los hospitales haya un grupo de payasos”. Es lo que piensa seguir haciendo porque no solo mantiene intacta su pasión del primer día sino que incluso se ha acrecentado.

El capítulo de agradecimientos es largo y en los lugares destacados la fundadora de Saniclown sitúa junto a los artistas -“el alma de este grupo”- a los socios –“sin los cuales no hubiese sido posible llegar hasta aquí y gracias a los cuales podemos seguir hacia adelante”- y a los patrocinadores, “que en muchas ocasiones ni siquiera quieren que se mencionen sus contribuciones”; y qué decir del personal sanitario “que nos trata con mucho cariño y respeto, integrándonos en todo -como profesionales que somos- porque supone un gran alivio para ellos poder contar con nuestro apoyo en determinadas situaciones; son personas que valoran lo que hacemos y están comprometidas con nosotros al cien por cien, que nos ayudan a conseguir dinero asistiendo a las galas benéficas y/o comprándonos y apuntándose a vender camisetas o calendarios solidarios”. Todos a una -dice- porque unos y otros perseguimos lo mismo: lograr una hospitalización más humana.

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P.S. Puedes encontrar toda la información sobre la Asociación en la página web www.saniclown.org , donde también te explican las distintas opciones a través de las cuales puedes colaborar: bien con un donativo, haciéndote voluntario, socio o patrocinador (beneficiándote, además, de las correspondientes deducciones fiscales por tus aportaciones). También puedes saber más sobre los Payasos de Hospital y las experiencias que viven comprando el libro “Los mil y un latidos. Diario de una payasa de hospital”, escrito por Verónica Macedo.

Asumamos nuestra responsabilidad

Como cada 5 de junio desde hace cuarenta y cinco años hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha elegida por la ONU, consciente de que su protección y mejora es un tema capital que afecta al bienestar de los pueblos y al desarrollo económico mundial, para llamar la atención sobre temas apremiantes que ya están condicionando nuestro presente y que, si no actuamos, condicionarán todavía más nuestro futuro. Con el rápido avance de la ciencia y la tecnología se ha alcanzado una etapa de la evolución de la especie humana en la que hemos adquirido el poder de transformar cuanto nos rodea en una progresión sin precedentes, y de lo que se trata es de que lo hagamos con cabeza. Más allá del papel clave de los Gobiernos, Naciones Unidas apela al sentido de la responsabilidad de cada uno de nosotros como individuos, como miembros de colectividades y como sociedad para que nos impliquemos en la conservación de un ecosistema sobre el que cada vez más expertos nos alertan de que se está viendo seriamente comprometido por las sacudidas del cambio climático: la importante pérdida de biodiversidad y de diversidad genética; la subida del nivel del mar; el incremento de las temperaturas, la acentuación de los períodos de sequía y la disminución de las lluvias (con la consecuente multiplicación y mayor virulencia de los incendios); el avance de la desertificación, la aceleración del deshielo…, y así podríamos seguir enumerando las consecuencias de unas acciones poco o nada respetuosas con el entorno natural. Como dice Greenpeace hablando de nuestro país “si se altera el medio ambiente en el que vive y del que vive la sociedad española, el siguiente paso señala directamente a sus sectores económicos y a la salud de su población”; por eso se debe actuar y hay que hacerlo ahora, cuando los especialistas sostienen que todavía estamos a tiempo de evitar consecuencias mucho peores en las que nadie quiere pensar porque podrían ser irreversibles, si es que algunas no lo son ya.

Cada Día Mundial del Medio Ambiente se centra en una cuestión urgente, siendo la de este 2019 la contaminación del aire que respiramos -que, dice la ONU, causa cada año siete millones de muertes en el mundo- como una manera de incitarnos a participar o a generar acciones con las que ayudar a combatir un grave problema que afecta a millones de personas en todo el mundo, sobre todo en China, que paradójicamente acoge en esta ocasión las celebraciones oficiales. El gigante asiático -que fue, junto con EE.UU e India, responsable del 85% del aumento de las emisiones de dióxido de carbono el año pasado según la Agencia Internacional de la Energía- nos invita a considerar los cambios que podemos implementar en nuestro día a día para reducir la contaminación del aire que generamos; cambios a los que podemos y debemos sumar otros, tendentes todos a reducir hasta eliminar nuestra contribución individual al calentamiento global para frenar así sus perniciosos efectos en nuestra salud y la del planeta. Nosotros hacemos de altavoz de cuatro voces que pueden ayudarte.

Javier Andaluz, de Ecologistas en Acción: “El sistema económico actual no puede asumir la lucha contra el cambio climático porque tiene vicios ligados con largas cadenas de distribución y el consumidor está cautivo, a no ser que busque alternativas como las cooperativas de consumo o las comercializadoras de energías renovables, algo que es importante que haga; pero lo cierto es que para buena parte de la población resultan inaccesibles, muchas veces por falta de disponibilidad geográfica o por cuestiones económicas: los productos más baratos son los de mayor impacto climático”. Y añade más.

Julio Barea, de Greenpeace: “Hay que reciclar, sí, pero también reutilizar y, fundamentalmente, reducir nuestro consumo de plásticos”. La ONG es una de las que apoya la campaña impulsada por “Zero Waste” –“Cero Basura”- que nos invita a hacer esta semana un boicot a los alimentos envasados en plástico que siguen multiplicándose en tiendas y en supermercados, para demostrar que es posible realizar la compra diaria partiendo de un consumo responsable, ético y respetuoso. Se queja de que “socializamos la contaminación, pero los beneficios son particulares” y nos insta a aportar cada un@ de nosotr@s nuestro grano de arena porque “es imprescindible que tod@s pongamos de nuestra parte”

Manuel Bruscas, activista contra el despilfarro de alimentos: “No pedir comida que no vas a comer y no despilfarrar alimentos son pequeños actos que contribuyen a proteger y a conservar el medio ambiente; no estamos hablando de grandes revoluciones pero sí de aportaciones que ayudan, que suman, y es muy importante que tod@s lo tengamos presente”.

Jordi Richart, de Fridays For Future: “Es necesario poner en marcha cuanto antes las acciones que reclaman los expertos para frenar el cambio climático porque ya deberíamos haberlo hecho y ahora tenemos que pisar el acelerador. El nuestro es un movimiento que pretende unir cada vez a más gente para dar guerra hasta conseguir que se tomen esas medidas, porque tod@s podemos tener un activista dentro que grite: Quiero una casa donde poder vivir y haré lo imposible para lograrlo”.

Queda claro que no podemos echar balones fuera, que eso de ‘¡Qué más da que yo haga algo si los demás no hacen nada!’ es solo desidia, porque cada paso cuenta, cada paso es un avance en la lucha contra el calentamiento global, en la conservación del medio ambiente y en el camino para garantizar el futuro de un planeta que pueda seguir habitándose -¡ojalá!- otros tantos miles de años.