“El nuevo coronavirus no puede ser excusa para retrasar la acción climática”

Al contrario. Tiene que servir para que quien todavía no lo ha entendido -tanto Gobiernos como ciudadanía- se dé cuenta de que es imprescindible acelerar la lucha contra el cambio climático o ya no habrá vuelta atrás y crisis a escala mundial como la que estamos atravesando serán cada vez más comunes. Porque detrás de esta pandemia está en buena medida la destrucción de la naturaleza, la pérdida de biodiversidad, como ponen de manifiesto informes elaborados por la comunidad científica. Así lo destacan asociaciones como Amigos de la Tierra. Y no es que no nos hubiesen avisado, porque son muchos los expertos -sobre todo a través del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU (IPCC)- que llevan décadas urgiendo a actuar para frenar el calentamiento global y evitar una realidad dramática e irreversible de la que el Covid-19 nos alerta que estamos cada vez más cerca. La emergencia climática está causando una pérdida de biodiversidad sin precedentes hasta el punto de que un millón de especies afrontan el peligro de desaparecer, según Naciones Unidas; y ahí están el aumento de las pandemias -la anterior fue la de gripe porcina en 2009-, la vuelta de enfermedades ya pasadas, la multiplicación de la pobreza y de la desigualdad: “Consecuencias derivadas de las ingentes emisiones de dióxido de carbono y de óxidos nitrosos, así como de la gran problemática mundial con los residuos, fruto de un sistema económico basado en el incremento continuo del consumo de recursos materiales planetarios considerándolos infinitos cuando no lo son, como demuestran la crisis energética y de materiales y la crisis ecosocial que todo ello conlleva”. Lo dice Cristina Alonso, responsable de Justicia Climática y Energía de la oenegé que lleva tiempo reclamando que se cambie el modelo de producción y consumo, “el mismo que ha causado el Covid-19”.

Para reivindicar que se pongan en el centro el medio ambiente y las personas, la asociación ecologista -como parte de la Alianza por el Clima-, junto a Fridays For Future y 2020 Rebelión por el Clima, convoca a la ciudadanía a sumarse este 24 de abril a una nueva acción global por el clima: a partir de las 22h, con la proyección de sombras y sonidos desde los balcones; y llevando durante todo el día las demandas a las Redes Sociales. Tratando de concienciar en una situación excepcional.

“Poner el planeta y las personas en el centro”

Defienden que hay que avanzar hacia un sistema económico que ponga en el centro la satisfacción de las necesidades de las personas, de todas, para que puedan tener una vida digna y que eso debe hacerse en equilibrio con los ecosistemas y siendo conscientes de los límites planetarios: “La justicia social tiene que ir de la mano de la reducción de emisiones. Hacen falta políticas que apliquen el principio de que quien contamina, paga en lugar de socializar las pérdidas de las grandes corporaciones, que suelen ser las más contaminantes. Hacen falta medidas ambiciosas con objetivos vinculantes enfocadas a una transformación profunda de los sistemas agroalimentario y energético y de la gestión de suelos. Siempre garantizando la protección de las personas trabajadoras y de las comunidades”.

La responsable de Justicia Climática de Amigos de la Tierra nos cuenta que la salida de esta emergencia sanitaria, que dará paso a otra económica, tiene que llevarse a cabo de forma justa y sostenible y les pide a los Gobiernos que reflexionen y aprendan de los errores del pasado: “No se pueden repetir los patrones de crisis como la de 2008, en la que las medidas fueron dirigidas a incentivar y proteger a las grandes corporaciones que la habían desatado, recortando los derechos de la población y precarizando todavía más sus vidas. Nadie puede quedar atrás; el planeta tampoco”. Nos explica que esta emergencia sanitaria ha puesto de manifiesto lo dañina que puede ser una crisis cuando no se está preparado para afrontarla, cuando no se tienen planes de actuación y no se atienden las recomendaciones que nos marca la ciencia, dando lugar a la desprotección y al riesgo que estamos viviendo. Por eso pide a las autoridades que les sirva de aprendizaje para planificar acciones y medidas para transitar la crisis climática. Medidas señaladas por la comunidad científica como la reducción de las emisiones de CO2 del 23% actual al 55% para 2030 respecto a 1990, la descarbonización total de la economía para 2040, la transformación del modelo de movilidad o el replanteamiento de las políticas comerciales.

“Insignificantes. Un espejismo”

Lo hemos escuchado. Eso es lo que son las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero de estas últimas semanas en el cómputo global, lo que suponen para la calidad del aire o del agua en términos de contaminación. Cristina Alonso quiere dejar claro que el reto es seguir reduciéndolas de una forma constante a lo largo de este y de los próximos años. Atendiendo a los datos de los expertos, se necesita una reducción media de emisiones del 7% anual, “lo que requiere esfuerzos y un compromiso permanente a nivel mundial”. Avisa de que no se debe caer en la tentación en la que han caído países como la República Checa, que apuesta por aparcar las leyes ambientales para poder superar la actual situación: dice que “este coronavirus no puede ser una excusa -la excusa- para frenar la lucha contra el cambio climático. No solo no podemos permitirnos dar pasos atrás sino que hay que acelerar el avance hacia ese nuevo sistema económico. Necesitamos políticas valientes que no sucumban al lobby de las grandes corporaciones más contaminantes”.

A pesar de lo visto en las últimas décadas, de la esquilmación de los recursos naturales, de la destrucción de la naturaleza y del auge del consumismo descontrolado, en Amigos de la Tierra no creen los humanos seamos el virus, el enemigo: “En todo caso, el virus es el modelo hegemónico de producción y consumo imperante en Occidente, impuesto a nivel mundial por la globalización y por procesos de neocolonización como los tratados de comercio”. Destacan que existe una gran diferencia entre las poblaciones del Norte y las del Sur del planeta, siendo estas últimas -junto con las comunidades más rurales del Norte- las que menos influyen en el cambio climático; sin embargo, son ellas las que reciben los peores impactos de la crisis climática.

Porque estamos en un momento decisivo, porque las medidas que se tomen ahora marcarán nuestro futuro y porque no podemos esperar más para que los políticos asuman la gravedad de la situación, la asociación ecologista llama a la ciudadanía a movilizarse esta noche: “Está en juego la vida del planeta tal como lo conocemos y, por ende, la de las personas que lo habitamos”. Como dice su responsable de Justicia Climática, este coronavirus ha demostrado que cuando se quiere se puede. Aún estamos a tiempo.

P. S. El informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU al que hace referencia Cristina Alonso en el audio se publicó en 2018, no en 2008 como dice por error.

Europa tiene que entender que al Mar Menor casi no le queda tiempo

No será este año. La Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo no va a enviar a lo largo de este 2020 una misión a Murcia para que compruebe in situ el agravamiento del deterioro sufrido por el Mar Menor en los últimos tiempos y la situación de emergencia en la que se encuentra. Los eurodiputados que la conforman han cerrado su agenda para los próximos meses y en ella no figura este ecosistema único que ha sido llevado al colapso. Y eso pese a que estamos hablando de la laguna salada más grande del continente. De ahí el sabor agridulce que ha dejado en la plataforma Pacto por el Mar Menor su paso por las instituciones comunitarias hace alrededor de quince días buscando que se impliquen más en la resolución de una crisis que roza el ecocidio si es que no lo es ya; una visita en la que también participaron representantes de otros colectivos. Nos lo ha contado el abogado Eduardo Salazar, experto en Derecho Ambiental, que se queja de la falta de una respuesta eficaz por parte de Bruselas ante el reiterado incumplimiento de la normativa europea que ha dado como resultado la degradación profunda del ecosistema. Recuerda que fue en 2016 cuando la plataforma -junto con la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), Ecologistas en Acción, la Cofradía de Pescadores de San Pedro y la Federación de Asociaciones de Vecinos, Usuarios y Consumidores de Cartagena y comarca- llevó el caso ante la Comisión de Peticiones del Europarlamento pidiéndole que se protegiese la laguna. Un año después le expusieron la situación -que ha ido a peor- y empezó entonces un “tormentoso periplo” en el que aseguran que Bruselas se ha limitado a solicitar explicaciones a las administraciones central, regional y municipales, que le comunicaron que tomarían medidas. “Y eso ha sido todo”. El mes pasado volvían a comparecer ante esa misma Comisión de Peticiones para informar del agravamiento del desastre y lo que les dijeron fue que pedirían de nuevo información a las autoridades competentes y que estudiarían el envío a la zona de esa misión, que en Pacto por el Mar Menor no tienen duda de que los llevará a concluir la veracidad de las denuncias presentadas, con las correspondientes consecuencias para los gobiernos implicados “por no haber cumplido con sus responsabilidades”. Pero esa misión no va a llegar a Murcia este año y el tiempo se agota, como nos explica el propio Eduardo Salazar.

“Todo lo que ha sucedido en los últimos tres años se podría haber evitado si las distintas autoridades competentes de nuestro país y la Comisión Europea hubiesen abordado el problema, que es lo que tenían que haber hecho”. Así de simple, dice este abogado ambientalista que denuncia que, en lugar de actuar para salvar la laguna, las administraciones han dado una clara muestra de descoordinación y en lo que se han volcado es en atacarse unas a otras con eso de ‘y tú más’. Asegura que siente vergüenza ajena por el espectáculo que están dando.

“Nos vemos de nuevo en Bruselas”

Apenas unas horas después de su paso por las instituciones europeas, que además de la intervención ante la Comisión de Peticiones del Parlamento incluyó reuniones en las Direcciones Generales de Medio Ambiente y Agricultura y con diferentes eurodiputados, en Pacto por el Mar Menor se preguntaban si ¡por fin habrá llegado el momento de cambiar la historia de destrucción de la laguna!, si se verán pronto los resultados o si, por el contrario, tendrán que volver a Bruselas. Preguntas que Eduardo Salazar responde afirmando que se ven regresando a la capital comunitaria. De hecho nos ha avanzado que están pensando enviar allí durante unos meses a un representante permanente para que haga lobby, para que repita hasta la saciedad despacho a despacho, entre los parlamentarios europeos -y no solo entre ellos-, el mensaje de que hay que actuar ya porque la situación que vive la laguna es crítica: “Tenemos que conseguir que el mayor número posible de eurodiputados se preocupe por lo que está pasando en Murcia para que así obligue a Europa a implicarse en la defensa de este ecosistema único. Hay que seguir haciendo presión porque es la única forma de que se tomen medidas y en eso estamos, rearmándonos para redoblarla y lograr resultados”.

Dice que en la plataforma prefieren ser ingenuos antes que pesimistas, por eso insistirán lo que sea preciso hasta que la Comisión Europea haga su trabajo, que no es otro que el de garantizar que se cumplen las normativas comunitarias decidiendo para ello todas las actuaciones que estén a su alcance. Ya es hora de que deje de hacer dejación de funciones, más todavía teniendo en cuenta que el actual equipo al frente -que tomaba posesión en diciembre pasado- se comprometía a situar la protección del medioambiente en el centro de sus políticas. Está en juego el futuro del Mar Menor.

“Consumiendo estamos votando”

Decepcionante. Es el adjetivo que más se ha repetido entre los participantes, y entre buena parte de la población, a la hora de valorar los resultados de la Cumbre del Clima más larga de la historia, la COP25, celebrada del 2 al 15 de este mes en Madrid. También en lo que se refiere a la demanda de que se aborde la crisis climática garantizando la justicia comercial, porque desigualdad y crisis climática están intrínsecamente relacionadas -igual que las soluciones- y los pequeños agricultores del planeta -alrededor de ochocientos millones- tienen que estar en el centro de las negociaciones para mitigarla y adaptarse. Esa es la reclamación que llevó a la cita el Movimiento Mundial de Comercio Justo, que habla de “acuerdo de mínimos” y de “patada para adelante”, posponiendo las decisiones críticas, como mínimo, hasta la COP26 de Glasgow. Juan José Martínez, presidente de la sección europea, lamenta que los Gobiernos no hayan hecho ni una sola alusión a las formas de producir, comercializar o consumir que los comprometa a algo concreto, “ni tan siquiera un intento de incluirlas”.

De lo que sí están contentos es de la resonancia que han tenido los temas relativos al cambio climático en general y las propuestas que ellos han defendido, así como del interés de la gente “que era la parte que nos tocaba”. Ahora de lo que se trata es de seguir insistiendo para que el mensaje llegue a las esferas de decisión, a los Ejecutivos, “y estos sean sensibles a lo que una proporción cada vez mayor de ciudadanos demandamos”. El mensaje de que hay un modelo agrícola y comercial basado en plantaciones a pequeña escala, más respetuosas y compatibles con el plantea y que benefician a una mayor cantidad de familias campesinas, frente al que se está primando, que genera efectos negativos en el medio ambiente por la emisión de gases de efecto invernadero, por el agotamiento de los suelos y de los acuíferos, por la tala de la biodiversidad -en zonas como la selva amazónica-, con la ocupación de cada vez menos mano de obra, en condiciones en muchos casos lamentables.

“Los Gobiernos tienen que dar pasos ya”

Dice Juan José Martínez que “si contaminar sale gratis, el modelo de agricultura extensiva juega con mucha más ventaja, y es ahí donde nos vendría muy bien un pronunciamiento claro por parte de las autoridades”. Explica que si en un acuerdo comercial entre bloques -de la UE con Mercosur o de la UE con países africanos- imponen aranceles a aquellos productos procedentes del modelo dañino con el medio ambiente pero no a los que proceden del modelo más sostenible, estarán sumándose a la defensa del planeta y de quienes son más vulnerables y sufren con más dureza los efectos de una crisis climática que no han provocado. No hacerlo “significa darle oportunidades, apostar por un modelo insostenible que antepone el lucro al bienestar de las personas y del planeta, agravando aun más la crisis”. No le consta que la Unión Europea tenga algún acuerdo comercial con países en desarrollo que siga esta filosofía y asegura que hacerlo supondría contar con políticas públicas verdaderamente orientadas a fomentar la agricultura sostenible y ecológica.

Afirma que lo mismo sucedería si aprobasen normativas que obligasen a las grandes corporaciones, sobre todo transnacionales, a demostrar que su cadena de aprovisionamiento no está generando efectos negativos para las personas ni para el entorno. ¿Y por qué no primar a aquellas que den pasos que demuestren un mayor compromiso? -se pregunta el presidente de la sección europea de la Organización Mundial de Comercio Justo-, al tiempo que destaca que las grandes compañías saber leer perfectamente las preferencias de los consumidores y las oportunidades de mercado: “De hecho, las hay que van incorporando prácticas mucho más sostenibles no porque sean oenegés sino porque están viendo que existe una mayor sensibilización con este tema y eso las lleva a reaccionar”.

“Son los consumidores los que priman uno u otro modelo”

Recuerda que en democracia votamos cada cierto tiempo para elegir a nuestros representantes y nos pide que seamos conscientes de que “lo que hacemos continuamente es consumir, y consumiendo estamos votando, estamos haciendo que prime un modelo de producción y comercialización u otro.

Sabe que es necesario que el mensaje llegue al mayor número de consumidores posible, para que se den cuenta de que nuestras formas de producir, comercializar y consumir tienen que ser más sostenibles y más justas para las personas. Para él es evidente la opción que deberíamos elegir, pero es consciente de que al final los consumidores deciden en función de la información tienen, por eso asegura que el movimiento mundial de Comercio Justo está dispuesto a redoblar sus esfuerzos para que entendamos todo lo que implica. Su experiencia le ha permitido constatar que cuando lo conocen, ven lo que supone y tienen los productos al alcance de la mano, optan por ellos: “Porque además de todo lo que hay detrás son buenos, de calidad y, aunque más caros, el precio no asusta”. Aclara en cualquier caso que si cuestan más es porque se les paga a los productores mucho más de lo que ganarían comercializándolos en el mercado convencional: “Y no pensamos cambiar eso, porque nuestra razón de ser es que puedan vivir dignamente de su trabajo y porque nosotros sí les pagamos para que su actividad no cause efectos tan negativos en el medio ambiente”.

Cree que en el caso de la ciudadanía es ese desconocimiento el que puede estar haciendo que se decante por un modelo económico insostenible medioambiental y socialmente. En el caso de los Gobiernos -dice- no es excusa.

P.S. El vídeo ha sido realizado por la Coordinadora Latinoamericana de Pequeños Productores y Trabajadores de Comercio Justo (CLAC).

P.S. La fotografía que ilustra el post es de Fairtrade International

“Que el Mar Menor vuelva a estar vivo”

El Mar Menor, la laguna salada más grande de Europa y un ecosistema único, ha sido llevado al colapso: por debajo de los tres metros de profundidad, que es la mayor parte de su superficie, no hay oxígeno y por lo tanto tampoco vida. Lo dice tajante Ramón Pagán González, que es ingeniero químico y portavoz de la plataforma Pacto por el Mar Menor, que avisa de que “no pinta demasiado bien”: explica que ahora mismo no existe ningún científico que sepa con seguridad cómo puede evolucionar la situación; poniéndose en el mejor de los casos -“y esa es la esperanza que tengo”, aclara- quiere creer que este proceso es todavía reversible y la laguna podrá volver a ser un mar vivo, aunque no sabe el tiempo que tardará; aun así dice que la mayoría de los expertos tiene ya asumido que “nunca volverá a ser el que fue, porque habrá víctimas que ya no sean recuperables”.

Crónica de un desequilibrio ecológico largamente anunciado

Explica que se ha llegado a esta crisis por la acción del hombre -con una agricultura intensiva y un desarrollo urbanístico salvaje- y por la inacción y la desidia de los poderes públicos durante décadas, “porque esto viene de lejos”: tira de memoria para contarnos que las primeras denuncias datan de 1980; que en 1987 el Gobierno murciano, del PSOE, aprobó la Ley de Protección y Armonización de Usos del Mar Menor para poner límites a la agricultura intensiva y al crecimiento urbanístico pero que, en 1995, cuando el PP llega al Ejecutivo la incumple, la mete en un cajón y la recurre hasta el Tribunal Constitucional, derogándola finalmente en 2001 con la aprobación de la Ley autonómica del Suelo. Se queja de que la comunidad científica y las asociaciones ambientalistas han denunciado “una y mil veces” que el Mar Menor estaba completamente abandonado a su suerte “pero siempre nos hemos topado con el muro que ha sido la Administración autonómica durante el último cuarto de siglo, que se ha dedicado a mirar para otro lado, acusándonos incluso de ser unos agoreros y de actuar en contra de la economía regional cuando la laguna se nos estaba muriendo. Ahora está agonizante”.

Asegura Ramón Pagán que desde 2010 se viene arrastrando una situación especialmente complicada, siendo los años 2013 y 2014 muy malos, con el Mar Menor dando importantes señales de eutrofización; destaca que en 2016 se superó el límite con la ‘sopa verde’ y dice que entonces las autoridades corrigieron una buena parte de los vertidos que llegaban a él en forma de aguas residuales de la agricultura, sobre todo salmueras de desalinizadoras ilegales: “Se lo tomaron en serio y pudo superarse la crisis, constatándose incluso el año pasado una evidente mejora, aunque la gravedad en el centro de la laguna se mantenía, con el 85% de la flora de los fondos arrasada”. A partir de ahí “probablemente volvió la relajación, y el pasado agosto nos encontramos de nuevo con unas aguas completamente turbias, con los niveles de clorofila disparados… Y fue así como recibimos a la DANA en septiembre, que colmó el vaso, fue el empujón final”. Por eso desde la plataforma Pacto por el Mar Menor critican que el Gobierno regional achacase la posterior muerte masiva de peces que se produjo única y exclusivamente al paso de ese fenómeno meteorológico: “Eso es totalmente falso y ellos mejor que nadie deberían saberlo después de pasar veinticinco años sin hacer nada para frenar la contaminación por nitratos y los pozos ilegales”. También responsabilizan en parte al Gobierno central porque la Confederación Hidrográfica del Segura, que es la que gestiona la extracción del agua y su uso, tampoco ha hecho lo que debía a pesar de los repetidos avisos de científicos y organizaciones ecologistas. Su portavoz afirma que la laguna ha sido “víctima de la prevalencia de los intereses económicos de grandes empresas que han actuado como si esto fuese una ciudad sin ley: los campos están contaminados por nitratos, el acuífero Cuaternario -del que se alimentan todos los pozos- está contaminado y también lo está el Mar Menor, con concentraciones de trece miligramos por litro, más de cien veces superiores a los niveles permitidos. Y a esto no se llega en dos días”.

Dice que es ahora -no cuando se estuvo avisando de lo que podía pasar- cuando la economía de la comarca puede resentirse porque hay mucha gente que vive del turismo en el entorno de este ecosistema único (restauración, hostelería…) y eso “puede venirse abajo si la situación crítica se prolonga; por no hablar de los pescadores, que han sido los primeros afectados porque ya no tienen actividad y no esperan tenerla posiblemente en un año…en el mejor de los casos”.

“Lo primero es hacer que se cumpla la ley”

La semana pasada más de cincuenta y cinco mil personas tomaron las calles de Cartagena en una manifestación histórica para gritar que ‘el Mar Menor no es un contenedor’ y que ‘si no hay soluciones tendrá que haber dimisiones’. Las Administraciones se han apresurado a anunciar medidas y planes, que en su mayor parte no sirven para resolver el problema, cuando para la plataforma la solución “es tan fácil como hacer que se cumpla la ley: las múltiples directivas europeas que regulan la protección de la biodiversidad, el agua y el uso de nitratos, la normativa estatal y la Ley de Medidas Urgentes para garantizar la sostenibilidad ambiental en su entorno, que entraba en vigor en su mayor parte en febrero pasado, y que fue aprobada -recuerda- con el voto en contra del PP”. Asegura que aplicando la ley unas 9.000 hectáreas de regadío ilegales tendrían que ser revertidas a secano, tendrían que desaparecer cientos de pozos ilegales, habría que regular el uso de fertilizantes… “Primero aplicar la ley y después buscar alternativas a la actividad agrícola y al desarrollo urbanístico descontrolados, además de mejorar la depuración de aguas residuales”.

Pacto por el Mar Menor ha llevado dos casos a los tribunales por delitos contra el medioambiente que siguen abiertos -como el caso Topillo– con funcionarios autonómicos y de la Confederación Hidrográfica del Segura, empresas y agricultores investigados por la degradación de la laguna. Y estudia abrir otro por la Guía de Interpretación de las Medidas Urgentes publicada por la Consejería de Agricultura un mes después de la entrada en vigor de la Ley de Medidas Urgentes “para supuestamente ayudar a los agricultores a cumplirla y que es, en realidad, una forma de facilitar su incumplimiento”. Volverán a Bruselas, convencidos de que ahora les prestarán más atención… Son tantos los frentes abiertos que no dan abasto y, como no tienen -ni quieren- subvenciones que puedan comprometer su independencia, han iniciado una campaña de crowdfunding para cubrir los gastos imprescindibles. Se alegran de que la Fiscalía Superior de Murcia “se haya decidido a tomar cartas en el asunto”, investigando también conductas de los poderes públicos que podrían haber incidido en la grave situación que atraviesa el Mar Menor, pero se quejan de que hasta ahora “no se haya hecho nada”.

Esperan que la masiva movilización del pasado 30 de octubre haya servido para que las Administraciones, sobre todo la regional, entiendan que los murcianos están “muy preocupados y cabreados”, porque para ellos la laguna es muy querida e importante y el Ejecutivo autonómico ha negado permanentemente que existiese este problema por lo que no ha tratado de buscarle solución. En la plataforma -las 1.200 personas y las más de treinta asociaciones que la integran- tienen claro que van a seguir reclamando soluciones eficaces en origen como llevan haciendo desde que se creó, hace casi cinco años; y continuarán luchando para que esta laguna salada única en Europa “vuelva a ser un mar vivo de aguas limpias, que también pueda seguir siendo disfrutado por la gente y por las generaciones futuras”.

“Esto sí debería contagiarse”

Hoy, 20 de septiembre, echa a andar con movilizaciones en medio mundo la Semana de Acción que culminará el próximo viernes 27 con la Huelga Mundial por el Clima, convocada en España por las plataformas Juventud por el Clima-Fridays for Future, 2020 Rebelión por el Clima y Alianza por el Clima y apoyada por más de trescientas organizaciones, para exigirles a los Gobiernos medidas efectivas ante la emergencia climática; una semana reivindicativa sin precedentes que coincide con la celebración de la Cumbre de Acción Climática de la ONU, el lunes día 23 en Nueva York, y con la publicación, el miércoles día 25, del informe especial del Grupo Intergubernamental de Expertos de Naciones Unidas sobre Cambio Climático acerca del impacto del calentamiento global en los océanos y en las zonas heladas. Y es que la crisis climática que vivimos es el mayor desafío de nuestro tiempo y estamos en un momento decisivo para actuar porque, pese a lo mal que pinta, todavía podemos hacerle frente: los últimos cuatro años han sido los más calurosos de la historia, los glaciares se derriten a un ritmo alarmante, el nivel del mar sigue subiendo, el cambio climático está llevando a muchas especies al límite y estamos viendo el impacto fatal que tiene en la salud…, pero la ONU asegura que si nos movemos ahora podemos reducir las emisiones de carbono de aquí a doce años y frenar el aumento de la temperatura media anual por debajo de los 2°C, o incluso a 1,5°C, por encima de los niveles preindustriales. Por eso su secretario general, Antonio Guterres, insta a todos los líderes a que acudan a Nueva York con planes concretos y realistas para mejorar sus contribuciones a nivel nacional para el año que viene, siguiendo la directriz de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 45% en la próxima década y a 0 para 2050. Allí van a estar gobiernos, autoridades locales, sector privado, organizaciones internacionales y sociedad civil. Una sociedad civil que ha ido redoblando la presión para que quienes tienen el verdadero poder de decisión se muevan en la dirección correcta, sobre todo desde el nacimiento -la pasada primavera- de movimientos como Teachers for Future (en España también Profes por el Futuro), docentes preocupados por la situación que quieren cambiar las cosas, como ellos mismos dicen, movidos únicamente por su compromiso con el planeta y sus habitantes. También ellos -hablamos de setecientos ya- se suman a las acciones reivindicativas de esta semana y animan a todos los centros escolares del país a hacerlo: guardando un minuto de silencio por la Tierra, llevando una camiseta verde al colegio, proyectando documentales y cortometrajes sobre medio ambiente, preparando carteles por el clima y sacándolos al patio el día 27…, propuestas para visibilizar desde las aulas la importancia de la acción elaboradas conjuntamente con Madres por el Clima y Families for Future Barcelona “porque toda la comunidad educativa es necesaria” y porque creen firmemente en el poder de las familias, como nos cuenta una de las integrantes del grupo coordinador, Conxi Arlandis: “su contribución es fundamental, es imprescindible contar con ellas y con su compromiso, debemos complementarnos para conseguir resultados y que estos perduren”.

“Promover y seguir concienciando para sumar”

Acaba de arrancar un nuevo curso escolar y los profesores que forman parte de este movimiento que realiza acciones concretas para desarrollar una educación ambiental, favorecer el contacto del alumnado con la naturaleza y cambiar la gestión de los colegios lo han empezado con fuerza lanzando la campaña ‘28.000 por el Clima’.

Una campaña a la que pretenden sumar al mayor número de centros del país, públicos, privados y concertados, de Educación Primaria, ESO, Bachillerato y FP: que en su programación anual tengan objetivos relacionados con la protección y defensa del medio ambiente y de la sostenibilidad y que lleven a cabo actuaciones de concienciación y acción a lo largo del curso, como algunos ya están haciendo. Desde poner en marcha programas como Recreos Residuos Cero, motivando al alumnado para que en sus desayunos y meriendas no haya residuos o sean los mínimos posibles usando envases reutilizables o retornables, o como Colecaminos, para reducir los nieles de concentración de CO2 en los entornos escolares apostando por ir al colegio andando o en bicicleta; hasta incorporar el huerto escolar y hacer salidas que fomenten el contacto con la naturaleza; pasando por realizar un par de veces al mes actividades que reflejen el peligro que corre el planeta, por fomentar el debate sobre la emergencia climática proyectando documentales como ‘Before the flood’ (Antes que sea tarde) -coproducido, protagonizado y narrado por Leonardo DiCaprio- o por contar en cada centro con un responsable de sostenibilidad…“Queremos promover la preocupación por preservar el planeta para que se generalice, teniendo claro que la práctica y el contacto con la naturaleza son clave y sabiendo que hay que predicar con el ejemplo, a nivel individual y también como colegio incorporando los principios de sostenibilidad en la gestión: eficiencia energética, reutilización de materiales, uso de proveedores locales y comida de temporada en el comedor… No queremos imponer sino avanzar en la labor de concienciación que llevan haciendo desde hace décadas las asociaciones ecologistas para sumar, uniendo nuestra fuerza y nuetras voces a las suyas y a las de otros colectivos nacidos, como nosotros, la pasada primavera climática”, explica Conxi Arlandis.

Una educación ambiental transversal

Es lo que reclaman desde Teachers for Future, no solo que la educación ambiental forme parte del currículo sino que sea transversal “que pase por todas sus áreas, porque afecta a todos los aspectos de la vida, por eso tiene que ser algo más que unos temas o una asignatura y debe abordarse en todas las materias; los alumnos tienen que reflexionar y saber del impacto de sus acciones en el medio ambiente”, apunta, para añadir que “se trata, en definitiva, de inculcar el cuidado del entorno y del planeta como un valor, como lo es el respeto a los demás”. En el colectivo son conscientes de la importancia de su implicación en esta lucha para que dé resultados, sabiendo que parte de ella pasa por “presionar a quienes toman las decisiones, a las administraciones, para que actúen de una vez”; y señalan no solo a departamentos como Educación o Transición Ecológica sino también a otros como Urbanismo: “Acabamos de ver cómo ha quedado la Vega Baja del Segura con el paso de la gota fría por haber llenado de cemento el cauce de los ríos”, dice esta integrante del grupo coordinador. Recuerda que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU creado hace tres décadas ha estado advirtiendo desde entonces que los fenómenos meteorológicos serían cada vez más extremos, “lo que significa que esto dista mucho de ser algo nuevo”, y se queja de que hayamos llegado a este punto por “no haber actuado antes”, avisando de que “por eso urge hacerlo o será tarde”.

La carrera contrarreloj para frenar el cambio climático está en marcha y Naciones Unidas asegura que podemos y debemos ganarla. Para eso es imprescindible que nos impliquemos tod@s porque hablamos de nuestra casa, la casa de tod@s y cada un@ de nosotr@s: “La lucha por el Clima sí que se debería contagiar”, afirma Conxi Arlandis. Está en nuestras manos conseguirlo.

57 Voces des-autorizadas

Hace un año se ponía en marcha esta bitácora como altavoz y caja de resonancia para todas esas Voces que están más que autorizadas para hacerse oír, con la pretensión de ayudar a acercar sus denuncias, sus reivindicaciones y su trabajo por y para cambiar y mejorar la realidad a todas aquellas personas dispuestas a escuchar. Voces como la de Ana Balboa, presidenta de la Asociación de Persoas con Discapacidade de Compostela e Comarca (AMICO), censurando los muchos obstáculos que tienen que superar día a día los discapacitados en pleno s.XXI; las de Mónica Pastoriza, su madre Elvira Blanco y Delmiro Prieto, presidente de Down Galicia, dejándonos claro que el Síndrome de Down es simplemente tener un cromosoma extra; y la de Óscar Moral, asesor jurídico del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), recordándonos que la sociedad no puede permitirse excluir a una parte de la población, como sucede a diario.

Rafael Basterrechea, vicepresidente de la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (AVITE), nos contaba que están hartos de que sus reclamaciones por algo que comenzó hace más de seis décadas sigan sin ser atendidas, como si el Estado estuviese esperando a que se rindan o a que vayan muriendo; lo mismo que Rosa Hernanz, impulsora de la plataforma Niñ@s de la Polio y Síndrome Post Polio, que nos adelantaba que llevarían a la justicia argentina sus demandas por lo que empezó también hace más de sesenta años, porque ya no están para llamar de puerta en puerta. Fide Mirón, vicepresidenta de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) y de la Asociación Española de Porfiria, dejaba testimonio de la dureza de vivir luchando contra los números y contra el reloj; María López Matallana, vicepresidenta de la Coalición Nacional de Fibromialgia, Síndrome de Fatiga Crónica, Sensibilidad Química Múltiple y Electrohipersensibilidad (CONFESQ) denunciaba enfermedades ocultadas, pacientes abandonados y maltrato INSStitucional por la guía publicada en enero por el Instituto Nacional de la Seguridad Social; Íñigo Lasa, director general de Anesvad, ponía encima de la mesa la existencia de más de mil millones de enfermos olvidados en el mundo hoy en día; y María del Carmen Martínez, vicepresidenta de la Federación de Asociaciones Gallegas de Familiares de Enfermos de Alzheimer y Otras Demencias (FAGAL) y cuidadora, Cheles Cantabrana, presidenta de la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA) y Nina Gramunt, neuropsicóloga de la Fundación Pasqual Maragall, nos decían que debemos tener muy presente que nadie está libre de sufrir Alzheimer; mientras la doctora Ana Casas, especialista en cáncer de mama y cuidados de soporte oncológico del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, nos contaba que tener cáncer la ha hecho mejor oncóloga; y Damián Caballero, portavoz de la comisión promotora de la Iniciativa Legislativa Popular ‘Medicamentos a un precio justo’, instaba a las autoridades a no confundirse porque somos pacientes, no clientes.

Voces todas ellas más que autorizadas, pese a quien pese, porque saben de lo que hablan como la de Gema Castilla, responsable de Comunicación de la Fundación RAIS Hogar SÍ, pidiéndonos que no olvidemos que el sinhogarismo es una realidad para 31.000 personas y que podemos acabar con él; y la de Ángel Franco, director de Comunicación de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), llamándonos a tener en cuenta que siguen entregando comida a un millón y medio de ciudadanos, lo que demuestra que por mucho que nos intenten convencer de lo contrario la crisis sigue ahí. ¡Qué decir de David Lorente, uno de los hijos de Maribel Tellaetxe, enferma de alzhéimer que murió esperando que se despenalizase la eutanasia, una cuenta todavía pendiente en nuestro país; y de Juan Cuatrecasas, presidente de la asociación Infancia Robada, quejándose de que las víctimas de pederastia están limpiando de porquería la Iglesia cuando es ella la que debe liderar esa lucha; de Carmela del Moral, analista jurídico de Derechos de la Infancia de Save the Children, reclamando que se pongan en marcha políticas que sitúen a los menores en el centro porque, como no votan, sus problemas son secundarios; y de Marga Rivas, activista de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), denunciando que cuando alguien se mata porque no puede pagar su casa no se trata de un suicidio sino de un asesinato por la falta de implicación de las instituciones. David Aragonés, uno de los portavoces de la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros ADICAE, nos explicó que pese a los pasos del Gobierno para dar mayor tranquilidad a los clientes la batalla judicial por los gastos hipotecarios seguía en pie; y Jordi Castilla, del equipo jurídico de FACUA-Consumidores en Acción, nos aseguró que se puede parar la escalada del recibo de la luz.

Voces a las que hay que sumar la de María Jesús Vega, coordinadora de Comunicación en España de la Agencia de la ONU para los Refugiados ACNUR, censurando que, ocho años después, la guerra en Siria seguía matando con bombas o con falta de medicinas y de ropa para afrontar el invierno; la de Julia López, coordinadora de Comunicación de Plan Internacional, avisando de que cuando solo falta una década para cumplir el objetivo fijado de erradicar la mutilación genital femenina tres millones de niñas siguen sufriéndola cada año; y la de Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España, destacando que los Derechos Humanos son demasiado importantes como para dejarlos en manos de los Gobiernos. También la de Guillermo Cañardo, coordinador médico y jefe de misión de Proactiva Open Arms, hablándonos de los migrantes que se lanzan a cruzar el Mediterráneo amontonados en embarcaciones precarias como héroes, convencido de que él no sobreviviría a esa travesía; la de Íñigo Mijangos, presidente de Salvamento Marítimo Humanitario, denunciando lo que está sucediendo en ese mar convertido en un inmenso cementerio y diciendo que cada uno se retrate en ese periplo de la vergüenza; la de Margarita Moreno, estudiante de Medicina y voluntaria por segundo año en la isla griega de Lesbos, criticando las condiciones infrahumanas de los refugiados en el “campo de concentración” de Moria y afirmando que aquí y ahora debería darnos vergüenza; y la de Carlos Arce, responsable de Migraciones de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), protestando porque cualquier otra política que causase miles de muertos como esta generaría una contestación social insoportable para quienes la aplicasen.

Voces como la de Isabel Taboada, trabajadora por cuenta propia que se quejaba del maltrato al colectivo de autónomos a pesar de su importante papel en el crecimiento económico; la de Ángela Muñoz, portavoz de asociación Las Kellys, censurando que haya camareras de piso que tienen que comprarse incluso la fregona; las de Enrique Muñoz y Paco Juárez, de las plataformas ciudadanas Soria ¡YA! y Teruel Existe, reivindicando la capacidad de resistencia de la España vaciada y advirtiendo al resto del país de que también habrá consecuencias; y las de Caty Gálvez y Juan Antonio Suárez, matrimonio de 79 y 85 años, reclamando que acaben de una vez la Autovía del Duero, aprobada hace 26 años. La Voz de Carlos Requena, gerente de Payasos Sin Fronteras, ponía en valor la importancia de la risa en l@s niñ@s -y no tan nin@s- que han vivido una guerra, como prueba la evidencia científica; y la de Verónica Macedo, fundadora de Saniclown-Payasos de Hospital, nos demostraba que los payasos de hospital tienen efectos secundarios para tod@s. María Fernández, presidenta de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, nos explicaba que puede haber garantías de que la esclavitud infantil y los abusos a los productores no estén detrás de lo que consumimos; Julio Barea, uno de los responsables de campaña de Greenpeace, nos decía que después de invadir medio planeta los plásticos están en nuestro organismo; Javier Andaluz, responsable de Clima de Ecologistas en Acción, nos alertaba de que el tiempo se agota y son ya muchas las oportunidades perdidas para tratar de evitar que el mundo llegue al umbral de no retorno; Jordi Richart, portavoz de Fridays For Future Alicante, nos contaba que han llegado para quedarse el tiempo que haga falta porque es su futuro lo que está en juego; y el activista Manuel Bruscas, autor de ‘Los tomates de verdad son feos’, nos recordaba que podemos hacer mucho para acabar con el desperdicio de comida.

Ana Novella, presidenta de Stop Accidentes, y Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados, nos dieron su visión sobre si los nuevos límites de velocidad que entraron en vigor en enero traerán o no una reducción del número de víctimas de accidentes de tráfico; Juan José Lamas, fundador y director técnico de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), nos advirtió de que los ludópatas son cada vez más jóvenes, destacando que el Estado es el que principal beneficiado de los juegos de azar; y Domiciano Sandoval, portavoz de la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones, nos habló de la lucha de los mayores para que sus hijos y nietos puedan recibir una prestación, haciendo un llamamiento a los jóvenes a que se impliquen más porque, de lo contrario, no la tendrán. Rafael Permuy, uno de los tíos de José Couso, no instaba a velar por la libertad de prensa y porque el nombre del cámara ferrolano asesinado en Irak por miembros del Ejército de EE.UU sea abanderado en esto; y Koldo Pla, de la asociación Txinparta para recuperar la memoria de los represaliados en el Fuerte de San Cristóbal, aseguraba que ocho décadas después el mejor homenaje que se les puede hacer sigue siendo continuar con la lucha para que aflore lo allí enterrado y perdure en la memoria

Rubén Sánchez, uno de los portavoces de Acampa pola Paz e o Dereito a Refuxio, reivindicó a las mujeres desplazadas y a las activistas que luchan por sus derechos siendo torturadas e incluso asesinadas por ello como heroínas que deberían ser modelos a seguir; Rosa Fontaíña, coordinadora de la Rede de Mulleres Veciñais contra os Malos Tratos de Vigo, criticó que a las mujeres que denuncian delitos contra la libertad sexual se les aplique la presunción de la mentira; el ex.teniente Luis Gonzalo Segura, autor de ‘En la guarida de la bestia’, afirmó que las Fuerzas Armadas dan cobijo a delincuentes sexuales; Rocío Mora, directora de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP), exigió que se ponga el foco en los puteros como cómplices de la trata; y Ángeles Álvarez, miembro de la Red Estatal Contra el Alquiler de Vientres (RECAV) y de No Somos Vasijas, denunció que en el tema del alquiler de vientres hay connivencia institucional; mientras Carlota Coronado, una de las promotoras del documental ‘¿Por qué tan pocas? Tecnólogas y científicas a la luz’, nos dejaba claro que son muchas pero no las conocemos porque no son sus historias las que se cuentan.

Desde la asociación Grandes Amigos nos acercaron a los mayores que viven solos, haciéndonos ver que la soledad es una y nosotr@s somos más; y Modesto Rodríguez, presidente de la Asociación Fenilcetonúrica y OTM de Galicia (ASFEGA), hizo lo propio con las personas que padecen estas enfermedades, por las que Manolo Varela luchó durante años hasta su muerte estando al frente de la asociación. Voces todas ellas que relatan historias que debían y deben ser contadas. Gracias por dejarme hacerlo, aportando así mi granito de arena para trasladarlas al mayor número posible de personas preocupadas, como ellas y como yo, por conseguir que este mundo sea mejor para tod@s. Y Gracias a quienes leéis y escucháis esas historias a través de mí. Seguiré en ello.

Asumamos nuestra responsabilidad

Como cada 5 de junio desde hace cuarenta y cinco años hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha elegida por la ONU, consciente de que su protección y mejora es un tema capital que afecta al bienestar de los pueblos y al desarrollo económico mundial, para llamar la atención sobre temas apremiantes que ya están condicionando nuestro presente y que, si no actuamos, condicionarán todavía más nuestro futuro. Con el rápido avance de la ciencia y la tecnología se ha alcanzado una etapa de la evolución de la especie humana en la que hemos adquirido el poder de transformar cuanto nos rodea en una progresión sin precedentes, y de lo que se trata es de que lo hagamos con cabeza. Más allá del papel clave de los Gobiernos, Naciones Unidas apela al sentido de la responsabilidad de cada uno de nosotros como individuos, como miembros de colectividades y como sociedad para que nos impliquemos en la conservación de un ecosistema sobre el que cada vez más expertos nos alertan de que se está viendo seriamente comprometido por las sacudidas del cambio climático: la importante pérdida de biodiversidad y de diversidad genética; la subida del nivel del mar; el incremento de las temperaturas, la acentuación de los períodos de sequía y la disminución de las lluvias (con la consecuente multiplicación y mayor virulencia de los incendios); el avance de la desertificación, la aceleración del deshielo…, y así podríamos seguir enumerando las consecuencias de unas acciones poco o nada respetuosas con el entorno natural. Como dice Greenpeace hablando de nuestro país “si se altera el medio ambiente en el que vive y del que vive la sociedad española, el siguiente paso señala directamente a sus sectores económicos y a la salud de su población”; por eso se debe actuar y hay que hacerlo ahora, cuando los especialistas sostienen que todavía estamos a tiempo de evitar consecuencias mucho peores en las que nadie quiere pensar porque podrían ser irreversibles, si es que algunas no lo son ya.

Cada Día Mundial del Medio Ambiente se centra en una cuestión urgente, siendo la de este 2019 la contaminación del aire que respiramos -que, dice la ONU, causa cada año siete millones de muertes en el mundo- como una manera de incitarnos a participar o a generar acciones con las que ayudar a combatir un grave problema que afecta a millones de personas en todo el mundo, sobre todo en China, que paradójicamente acoge en esta ocasión las celebraciones oficiales. El gigante asiático -que fue, junto con EE.UU e India, responsable del 85% del aumento de las emisiones de dióxido de carbono el año pasado según la Agencia Internacional de la Energía- nos invita a considerar los cambios que podemos implementar en nuestro día a día para reducir la contaminación del aire que generamos; cambios a los que podemos y debemos sumar otros, tendentes todos a reducir hasta eliminar nuestra contribución individual al calentamiento global para frenar así sus perniciosos efectos en nuestra salud y la del planeta. Nosotros hacemos de altavoz de cuatro voces que pueden ayudarte.

Javier Andaluz, de Ecologistas en Acción: “El sistema económico actual no puede asumir la lucha contra el cambio climático porque tiene vicios ligados con largas cadenas de distribución y el consumidor está cautivo, a no ser que busque alternativas como las cooperativas de consumo o las comercializadoras de energías renovables, algo que es importante que haga; pero lo cierto es que para buena parte de la población resultan inaccesibles, muchas veces por falta de disponibilidad geográfica o por cuestiones económicas: los productos más baratos son los de mayor impacto climático”. Y añade más.

Julio Barea, de Greenpeace: “Hay que reciclar, sí, pero también reutilizar y, fundamentalmente, reducir nuestro consumo de plásticos”. La ONG es una de las que apoya la campaña impulsada por “Zero Waste” –“Cero Basura”- que nos invita a hacer esta semana un boicot a los alimentos envasados en plástico que siguen multiplicándose en tiendas y en supermercados, para demostrar que es posible realizar la compra diaria partiendo de un consumo responsable, ético y respetuoso. Se queja de que “socializamos la contaminación, pero los beneficios son particulares” y nos insta a aportar cada un@ de nosotr@s nuestro grano de arena porque “es imprescindible que tod@s pongamos de nuestra parte”

Manuel Bruscas, activista contra el despilfarro de alimentos: “No pedir comida que no vas a comer y no despilfarrar alimentos son pequeños actos que contribuyen a proteger y a conservar el medio ambiente; no estamos hablando de grandes revoluciones pero sí de aportaciones que ayudan, que suman, y es muy importante que tod@s lo tengamos presente”.

Jordi Richart, de Fridays For Future: “Es necesario poner en marcha cuanto antes las acciones que reclaman los expertos para frenar el cambio climático porque ya deberíamos haberlo hecho y ahora tenemos que pisar el acelerador. El nuestro es un movimiento que pretende unir cada vez a más gente para dar guerra hasta conseguir que se tomen esas medidas, porque tod@s podemos tener un activista dentro que grite: Quiero una casa donde poder vivir y haré lo imposible para lograrlo”.

Queda claro que no podemos echar balones fuera, que eso de ‘¡Qué más da que yo haga algo si los demás no hacen nada!’ es solo desidia, porque cada paso cuenta, cada paso es un avance en la lucha contra el calentamiento global, en la conservación del medio ambiente y en el camino para garantizar el futuro de un planeta que pueda seguir habitándose -¡ojalá!- otros tantos miles de años.