“Que el Mar Menor vuelva a estar vivo”

El Mar Menor, la laguna salada más grande de Europa y un ecosistema único, ha sido llevado al colapso: por debajo de los tres metros de profundidad, que es la mayor parte de su superficie, no hay oxígeno y por lo tanto tampoco vida animal. Lo dice tajante Ramón Pagán González, que es ingeniero químico y portavoz de la plataforma Pacto por el Mar Menor, que avisa de que “no pinta demasiado bien”: explica que ahora mismo no existe ningún científico que sepa con seguridad cómo puede evolucionar la situación; poniéndose en el mejor de los casos -“y esa es la esperanza que tengo”, aclara- quiere creer que este proceso es todavía reversible y la laguna podrá volver a ser un mar vivo, aunque no sabe el tiempo que tardará; aun así dice que la mayoría de los expertos tiene ya asumido que “nunca volverá a ser el que fue, porque habrá víctimas que ya no sean recuperables”.

Crónica de un desequilibrio ecológico largamente anunciado

Explica que se ha llegado a esta crisis por la acción del hombre -con una agricultura intensiva y un desarrollo urbanístico salvaje- y por la inacción y la desidia de los poderes públicos durante décadas, “porque esto viene de lejos”: tira de memoria para contarnos que las primeras denuncias datan de 1980; que en 1987 el Gobierno murciano, del PSOE, aprobó la Ley de Protección y Armonización de Usos del Mar Menor para poner límites a la agricultura intensiva y al crecimiento urbanístico pero que, en 1995, cuando el PP llega al Ejecutivo la incumple, la mete en un cajón y la recurre hasta el Tribunal Constitucional, derogándola finalmente en 2001 con la aprobación de la Ley autonómica del Suelo. Se queja de que la comunidad científica y las asociaciones ambientalistas han denunciado “una y mil veces” que el Mar Menor estaba completamente abandonado a su suerte “pero siempre nos hemos topado con el muro que ha sido la Administración autonómica durante el último cuarto de siglo, que se ha dedicado a mirar para otro lado, acusándonos incluso de ser unos agoreros y de actuar en contra de la economía regional cuando la laguna se nos estaba muriendo. Ahora está agonizante”.

Asegura Ramón Pagán que desde 2010 se viene arrastrando una situación especialmente complicada, siendo los años 2013 y 2014 muy malos, con el Mar Menor dando importantes señales de eutrofización; destaca que en 2016 se superó el límite con la ‘sopa verde’ y dice que entonces las autoridades corrigieron una buena parte de los vertidos que llegaban a él en forma de aguas residuales de la agricultura, sobre todo salmueras de desalinizadoras ilegales: “Se lo tomaron en serio y pudo superarse la crisis, constatándose incluso el año pasado una evidente mejora, aunque la gravedad en el centro de la laguna se mantenía, con el 85% de la flora de los fondos arrasada”. A partir de ahí “probablemente volvió la relajación, y el pasado agosto nos encontramos de nuevo con unas aguas completamente turbias, con los niveles de clorofila disparados… Y fue así como recibimos a la DANA en septiembre, que colmó el vaso, fue el empujón final”. Por eso desde la plataforma Pacto por el Mar Menor critican que el Gobierno regional achacase la posterior muerte masiva de peces que se produjo única y exclusivamente al paso de ese fenómeno meteorológico: “Eso es totalmente falso y ellos mejor que nadie deberían saberlo después de pasar veinticinco años sin hacer nada para frenar la contaminación por nitratos y los pozos ilegales”. También responsabilizan en parte al Gobierno central porque la Confederación Hidrográfica del Segura, que es la que gestiona la extracción del agua y su uso, tampoco ha hecho lo que debía a pesar de los repetidos avisos de científicos y organizaciones ecologistas. Su portavoz afirma que la laguna ha sido “víctima de la prevalencia de los intereses económicos de grandes empresas que han actuado como si esto fuese una ciudad sin ley: los campos están contaminados por nitratos, el acuífero Cuaternario -del que se alimentan todos los pozos- está contaminado y también lo está el Mar Menor, con concentraciones de trece miligramos por litro, más de cien veces superiores a los niveles permitidos. Y a esto no se llega en dos días”.

Dice que es ahora -no cuando se estuvo avisando de lo que podía pasar- cuando la economía de la comarca puede resentirse porque hay mucha gente que vive del turismo en el entorno de este ecosistema único (restauración, hostelería…) y eso “puede venirse abajo si la situación crítica se prolonga; por no hablar de los pescadores, que han sido los primeros afectados porque ya no tienen actividad y no esperan tenerla posiblemente en un año…en el mejor de los casos”.

“Lo primero es hacer que se cumpla la ley”

La semana pasada más de cincuenta y cinco mil personas tomaron las calles de Cartagena en una manifestación histórica para gritar que ‘el Mar Menor no es un contenedor’ y que ‘si no hay soluciones tendrá que haber dimisiones’. Las Administraciones se han apresurado a anunciar medidas y planes, que en su mayor parte no sirven para resolver el problema, cuando para la plataforma la solución “es tan fácil como hacer que se cumpla la ley: las múltiples directivas europeas que regulan la protección de la biodiversidad, el agua y el uso de nitratos, la normativa estatal y la Ley de Medidas Urgentes para garantizar la sostenibilidad ambiental en su entorno, que entraba en vigor en su mayor parte en febrero pasado, y que fue aprobada -recuerda- con el voto en contra del PP”. Asegura que aplicando la ley unas 9.000 hectáreas de regadío ilegales tendrían que ser revertidas a secano, tendrían que desaparecer cientos de pozos ilegales, habría que regular el uso de fertilizantes… “Primero aplicar la ley y después buscar alternativas a la actividad agrícola y al desarrollo urbanístico descontrolados, además de mejorar la depuración de aguas residuales”.

Pacto por el Mar Menor ha llevado dos casos a los tribunales por delitos contra el medioambiente que siguen abiertos -como el caso Topillo– con funcionarios autonómicos y de la Confederación Hidrográfica del Segura, empresas y agricultores investigados por la degradación de la laguna. Y estudia abrir otro por la Guía de Interpretación de las Medidas Urgentes publicada por la Consejería de Agricultura un mes después de la entrada en vigor de la Ley de Medidas Urgentes “para supuestamente ayudar a los agricultores a cumplirla y que es, en realidad, una forma de facilitar su incumplimiento”. Volverán a Bruselas, convencidos de que ahora les prestarán más atención… Son tantos los frentes abiertos que no dan abasto y, como no tienen -ni quieren- subvenciones que puedan comprometer su independencia, han iniciado una campaña de crowdfunding para cubrir los gastos imprescindibles. Se alegran de que la Fiscalía Superior de Murcia “se haya decidido a tomar cartas en el asunto”, investigando también conductas de los poderes públicos que podrían haber incidido en la grave situación que atraviesa el Mar Menor, pero se quejan de que hasta ahora “no se haya hecho nada”.

Esperan que la masiva movilización del pasado 30 de octubre haya servido para que las Administraciones, sobre todo la regional, entiendan que los murcianos están “muy preocupados y cabreados”, porque para ellos la laguna es muy querida e importante y el Ejecutivo autonómico ha negado permanentemente que existiese este problema por lo que no ha tratado de buscarle solución. En la plataforma -las 1.200 personas y las más de treinta asociaciones que la integran- tienen claro que van a seguir reclamando soluciones eficaces en origen como llevan haciendo desde que se creó, hace casi cinco años; y continuarán luchando para que esta laguna salada única en Europa “vuelva a ser un mar vivo de aguas limpias, que también pueda seguir siendo disfrutado por la gente y por las generaciones futuras”.

“Esto sí debería contagiarse”

Hoy, 20 de septiembre, echa a andar con movilizaciones en medio mundo la Semana de Acción que culminará el próximo viernes 27 con la Huelga Mundial por el Clima, convocada en España por las plataformas Juventud por el Clima-Fridays for Future, 2020 Rebelión por el Clima y Alianza por el Clima y apoyada por más de trescientas organizaciones, para exigirles a los Gobiernos medidas efectivas ante la emergencia climática; una semana reivindicativa sin precedentes que coincide con la celebración de la Cumbre de Acción Climática de la ONU, el lunes día 23 en Nueva York, y con la publicación, el miércoles día 25, del informe especial del Grupo Intergubernamental de Expertos de Naciones Unidas sobre Cambio Climático acerca del impacto del calentamiento global en los océanos y en las zonas heladas. Y es que la crisis climática que vivimos es el mayor desafío de nuestro tiempo y estamos en un momento decisivo para actuar porque, pese a lo mal que pinta, todavía podemos hacerle frente: los últimos cuatro años han sido los más calurosos de la historia, los glaciares se derriten a un ritmo alarmante, el nivel del mar sigue subiendo, el cambio climático está llevando a muchas especies al límite y estamos viendo el impacto fatal que tiene en la salud…, pero la ONU asegura que si nos movemos ahora podemos reducir las emisiones de carbono de aquí a doce años y frenar el aumento de la temperatura media anual por debajo de los 2°C, o incluso a 1,5°C, por encima de los niveles preindustriales. Por eso su secretario general, Antonio Guterres, insta a todos los líderes a que acudan a Nueva York con planes concretos y realistas para mejorar sus contribuciones a nivel nacional para el año que viene, siguiendo la directriz de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 45% en la próxima década y a 0 para 2050. Allí van a estar gobiernos, autoridades locales, sector privado, organizaciones internacionales y sociedad civil. Una sociedad civil que ha ido redoblando la presión para que quienes tienen el verdadero poder de decisión se muevan en la dirección correcta, sobre todo desde el nacimiento -la pasada primavera- de movimientos como Teachers for Future (en España también Profes por el Futuro), docentes preocupados por la situación que quieren cambiar las cosas, como ellos mismos dicen, movidos únicamente por su compromiso con el planeta y sus habitantes. También ellos -hablamos de setecientos ya- se suman a las acciones reivindicativas de esta semana y animan a todos los centros escolares del país a hacerlo: guardando un minuto de silencio por la Tierra, llevando una camiseta verde al colegio, proyectando documentales y cortometrajes sobre medio ambiente, preparando carteles por el clima y sacándolos al patio el día 27…, propuestas para visibilizar desde las aulas la importancia de la acción elaboradas conjuntamente con Madres por el Clima y Families for Future Barcelona “porque toda la comunidad educativa es necesaria” y porque creen firmemente en el poder de las familias, como nos cuenta una de las integrantes del grupo coordinador, Conxi Arlandis: “su contribución es fundamental, es imprescindible contar con ellas y con su compromiso, debemos complementarnos para conseguir resultados y que estos perduren”.

“Promover y seguir concienciando para sumar”

Acaba de arrancar un nuevo curso escolar y los profesores que forman parte de este movimiento que realiza acciones concretas para desarrollar una educación ambiental, favorecer el contacto del alumnado con la naturaleza y cambiar la gestión de los colegios lo han empezado con fuerza lanzando la campaña ‘28.000 por el Clima’.

Una campaña a la que pretenden sumar al mayor número de centros del país, públicos, privados y concertados, de Educación Primaria, ESO, Bachillerato y FP: que en su programación anual tengan objetivos relacionados con la protección y defensa del medio ambiente y de la sostenibilidad y que lleven a cabo actuaciones de concienciación y acción a lo largo del curso, como algunos ya están haciendo. Desde poner en marcha programas como Recreos Residuos Cero, motivando al alumnado para que en sus desayunos y meriendas no haya residuos o sean los mínimos posibles usando envases reutilizables o retornables, o como Colecaminos, para reducir los nieles de concentración de CO2 en los entornos escolares apostando por ir al colegio andando o en bicicleta; hasta incorporar el huerto escolar y hacer salidas que fomenten el contacto con la naturaleza; pasando por realizar un par de veces al mes actividades que reflejen el peligro que corre el planeta, por fomentar el debate sobre la emergencia climática proyectando documentales como ‘Before the flood’ (Antes que sea tarde) -coproducido, protagonizado y narrado por Leonardo DiCaprio- o por contar en cada centro con un responsable de sostenibilidad…“Queremos promover la preocupación por preservar el planeta para que se generalice, teniendo claro que la práctica y el contacto con la naturaleza son clave y sabiendo que hay que predicar con el ejemplo, a nivel individual y también como colegio incorporando los principios de sostenibilidad en la gestión: eficiencia energética, reutilización de materiales, uso de proveedores locales y comida de temporada en el comedor… No queremos imponer sino avanzar en la labor de concienciación que llevan haciendo desde hace décadas las asociaciones ecologistas para sumar, uniendo nuestra fuerza y nuetras voces a las suyas y a las de otros colectivos nacidos, como nosotros, la pasada primavera climática”, explica Conxi Arlandis.

Una educación ambiental transversal

Es lo que reclaman desde Teachers for Future, no solo que la educación ambiental forme parte del currículo sino que sea transversal “que pase por todas sus áreas, porque afecta a todos los aspectos de la vida, por eso tiene que ser algo más que unos temas o una asignatura y debe abordarse en todas las materias; los alumnos tienen que reflexionar y saber del impacto de sus acciones en el medio ambiente”, apunta, para añadir que “se trata, en definitiva, de inculcar el cuidado del entorno y del planeta como un valor, como lo es el respeto a los demás”. En el colectivo son conscientes de la importancia de su implicación en esta lucha para que dé resultados, sabiendo que parte de ella pasa por “presionar a quienes toman las decisiones, a las administraciones, para que actúen de una vez”; y señalan no solo a departamentos como Educación o Transición Ecológica sino también a otros como Urbanismo: “Acabamos de ver cómo ha quedado la Vega Baja del Segura con el paso de la gota fría por haber llenado de cemento el cauce de los ríos”, dice esta integrante del grupo coordinador. Recuerda que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de la ONU creado hace tres décadas ha estado advirtiendo desde entonces que los fenómenos meteorológicos serían cada vez más extremos, “lo que significa que esto dista mucho de ser algo nuevo”, y se queja de que hayamos llegado a este punto por “no haber actuado antes”, avisando de que “por eso urge hacerlo o será tarde”.

La carrera contrarreloj para frenar el cambio climático está en marcha y Naciones Unidas asegura que podemos y debemos ganarla. Para eso es imprescindible que nos impliquemos tod@s porque hablamos de nuestra casa, la casa de tod@s y cada un@ de nosotr@s: “La lucha por el Clima sí que se debería contagiar”, afirma Conxi Arlandis. Está en nuestras manos conseguirlo.

57 Voces des-autorizadas

Hace un año se ponía en marcha esta bitácora como altavoz y caja de resonancia para todas esas Voces que están más que autorizadas para hacerse oír, con la pretensión de ayudar a acercar sus denuncias, sus reivindicaciones y su trabajo por y para cambiar y mejorar la realidad a todas aquellas personas dispuestas a escuchar. Voces como la de Ana Balboa, presidenta de la Asociación de Persoas con Discapacidade de Compostela e Comarca (AMICO), censurando los muchos obstáculos que tienen que superar día a día los discapacitados en pleno s.XXI; las de Mónica Pastoriza, su madre Elvira Blanco y Delmiro Prieto, presidente de Down Galicia, dejándonos claro que el Síndrome de Down es simplemente tener un cromosoma extra; y la de Óscar Moral, asesor jurídico del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), recordándonos que la sociedad no puede permitirse excluir a una parte de la población, como sucede a diario.

Rafael Basterrechea, vicepresidente de la Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (AVITE), nos contaba que están hartos de que sus reclamaciones por algo que comenzó hace más de seis décadas sigan sin ser atendidas, como si el Estado estuviese esperando a que se rindan o a que vayan muriendo; lo mismo que Rosa Hernanz, impulsora de la plataforma Niñ@s de la Polio y Síndrome Post Polio, que nos adelantaba que llevarían a la justicia argentina sus demandas por lo que empezó también hace más de sesenta años, porque ya no están para llamar de puerta en puerta. Fide Mirón, vicepresidenta de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER) y de la Asociación Española de Porfiria, dejaba testimonio de la dureza de vivir luchando contra los números y contra el reloj; María López Matallana, vicepresidenta de la Coalición Nacional de Fibromialgia, Síndrome de Fatiga Crónica, Sensibilidad Química Múltiple y Electrohipersensibilidad (CONFESQ) denunciaba enfermedades ocultadas, pacientes abandonados y maltrato INSStitucional por la guía publicada en enero por el Instituto Nacional de la Seguridad Social; Íñigo Lasa, director general de Anesvad, ponía encima de la mesa la existencia de más de mil millones de enfermos olvidados en el mundo hoy en día; y María del Carmen Martínez, vicepresidenta de la Federación de Asociaciones Gallegas de Familiares de Enfermos de Alzheimer y Otras Demencias (FAGAL) y cuidadora, Cheles Cantabrana, presidenta de la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA) y Nina Gramunt, neuropsicóloga de la Fundación Pasqual Maragall, nos decían que debemos tener muy presente que nadie está libre de sufrir Alzheimer; mientras la doctora Ana Casas, especialista en cáncer de mama y cuidados de soporte oncológico del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, nos contaba que tener cáncer la ha hecho mejor oncóloga; y Damián Caballero, portavoz de la comisión promotora de la Iniciativa Legislativa Popular ‘Medicamentos a un precio justo’, instaba a las autoridades a no confundirse porque somos pacientes, no clientes.

Voces todas ellas más que autorizadas, pese a quien pese, porque saben de lo que hablan como la de Gema Castilla, responsable de Comunicación de la Fundación RAIS Hogar SÍ, pidiéndonos que no olvidemos que el sinhogarismo es una realidad para 31.000 personas y que podemos acabar con él; y la de Ángel Franco, director de Comunicación de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL), llamándonos a tener en cuenta que siguen entregando comida a un millón y medio de ciudadanos, lo que demuestra que por mucho que nos intenten convencer de lo contrario la crisis sigue ahí. ¡Qué decir de David Lorente, uno de los hijos de Maribel Tellaetxe, enferma de alzhéimer que murió esperando que se despenalizase la eutanasia, una cuenta todavía pendiente en nuestro país; y de Juan Cuatrecasas, presidente de la asociación Infancia Robada, quejándose de que las víctimas de pederastia están limpiando de porquería la Iglesia cuando es ella la que debe liderar esa lucha; de Carmela del Moral, analista jurídico de Derechos de la Infancia de Save the Children, reclamando que se pongan en marcha políticas que sitúen a los menores en el centro porque, como no votan, sus problemas son secundarios; y de Marga Rivas, activista de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), denunciando que cuando alguien se mata porque no puede pagar su casa no se trata de un suicidio sino de un asesinato por la falta de implicación de las instituciones. David Aragonés, uno de los portavoces de la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros ADICAE, nos explicó que pese a los pasos del Gobierno para dar mayor tranquilidad a los clientes la batalla judicial por los gastos hipotecarios seguía en pie; y Jordi Castilla, del equipo jurídico de FACUA-Consumidores en Acción, nos aseguró que se puede parar la escalada del recibo de la luz.

Voces a las que hay que sumar la de María Jesús Vega, coordinadora de Comunicación en España de la Agencia de la ONU para los Refugiados ACNUR, censurando que, ocho años después, la guerra en Siria seguía matando con bombas o con falta de medicinas y de ropa para afrontar el invierno; la de Julia López, coordinadora de Comunicación de Plan Internacional, avisando de que cuando solo falta una década para cumplir el objetivo fijado de erradicar la mutilación genital femenina tres millones de niñas siguen sufriéndola cada año; y la de Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España, destacando que los Derechos Humanos son demasiado importantes como para dejarlos en manos de los Gobiernos. También la de Guillermo Cañardo, coordinador médico y jefe de misión de Proactiva Open Arms, hablándonos de los migrantes que se lanzan a cruzar el Mediterráneo amontonados en embarcaciones precarias como héroes, convencido de que él no sobreviviría a esa travesía; la de Íñigo Mijangos, presidente de Salvamento Marítimo Humanitario, denunciando lo que está sucediendo en ese mar convertido en un inmenso cementerio y diciendo que cada uno se retrate en ese periplo de la vergüenza; la de Margarita Moreno, estudiante de Medicina y voluntaria por segundo año en la isla griega de Lesbos, criticando las condiciones infrahumanas de los refugiados en el “campo de concentración” de Moria y afirmando que aquí y ahora debería darnos vergüenza; y la de Carlos Arce, responsable de Migraciones de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), protestando porque cualquier otra política que causase miles de muertos como esta generaría una contestación social insoportable para quienes la aplicasen.

Voces como la de Isabel Taboada, trabajadora por cuenta propia que se quejaba del maltrato al colectivo de autónomos a pesar de su importante papel en el crecimiento económico; la de Ángela Muñoz, portavoz de asociación Las Kellys, censurando que haya camareras de piso que tienen que comprarse incluso la fregona; las de Enrique Muñoz y Paco Juárez, de las plataformas ciudadanas Soria ¡YA! y Teruel Existe, reivindicando la capacidad de resistencia de la España vaciada y advirtiendo al resto del país de que también habrá consecuencias; y las de Caty Gálvez y Juan Antonio Suárez, matrimonio de 79 y 85 años, reclamando que acaben de una vez la Autovía del Duero, aprobada hace 26 años. La Voz de Carlos Requena, gerente de Payasos Sin Fronteras, ponía en valor la importancia de la risa en l@s niñ@s -y no tan nin@s- que han vivido una guerra, como prueba la evidencia científica; y la de Verónica Macedo, fundadora de Saniclown-Payasos de Hospital, nos demostraba que los payasos de hospital tienen efectos secundarios para tod@s. María Fernández, presidenta de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, nos explicaba que puede haber garantías de que la esclavitud infantil y los abusos a los productores no estén detrás de lo que consumimos; Julio Barea, uno de los responsables de campaña de Greenpeace, nos decía que después de invadir medio planeta los plásticos están en nuestro organismo; Javier Andaluz, responsable de Clima de Ecologistas en Acción, nos alertaba de que el tiempo se agota y son ya muchas las oportunidades perdidas para tratar de evitar que el mundo llegue al umbral de no retorno; Jordi Richart, portavoz de Fridays For Future Alicante, nos contaba que han llegado para quedarse el tiempo que haga falta porque es su futuro lo que está en juego; y el activista Manuel Bruscas, autor de ‘Los tomates de verdad son feos’, nos recordaba que podemos hacer mucho para acabar con el desperdicio de comida.

Ana Novella, presidenta de Stop Accidentes, y Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados, nos dieron su visión sobre si los nuevos límites de velocidad que entraron en vigor en enero traerán o no una reducción del número de víctimas de accidentes de tráfico; Juan José Lamas, fundador y director técnico de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR), nos advirtió de que los ludópatas son cada vez más jóvenes, destacando que el Estado es el que principal beneficiado de los juegos de azar; y Domiciano Sandoval, portavoz de la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones, nos habló de la lucha de los mayores para que sus hijos y nietos puedan recibir una prestación, haciendo un llamamiento a los jóvenes a que se impliquen más porque, de lo contrario, no la tendrán. Rafael Permuy, uno de los tíos de José Couso, no instaba a velar por la libertad de prensa y porque el nombre del cámara ferrolano asesinado en Irak por miembros del Ejército de EE.UU sea abanderado en esto; y Koldo Pla, de la asociación Txinparta para recuperar la memoria de los represaliados en el Fuerte de San Cristóbal, aseguraba que ocho décadas después el mejor homenaje que se les puede hacer sigue siendo continuar con la lucha para que aflore lo allí enterrado y perdure en la memoria

Rubén Sánchez, uno de los portavoces de Acampa pola Paz e o Dereito a Refuxio, reivindicó a las mujeres desplazadas y a las activistas que luchan por sus derechos siendo torturadas e incluso asesinadas por ello como heroínas que deberían ser modelos a seguir; Rosa Fontaíña, coordinadora de la Rede de Mulleres Veciñais contra os Malos Tratos de Vigo, criticó que a las mujeres que denuncian delitos contra la libertad sexual se les aplique la presunción de la mentira; el ex.teniente Luis Gonzalo Segura, autor de ‘En la guarida de la bestia’, afirmó que las Fuerzas Armadas dan cobijo a delincuentes sexuales; Rocío Mora, directora de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP), exigió que se ponga el foco en los puteros como cómplices de la trata; y Ángeles Álvarez, miembro de la Red Estatal Contra el Alquiler de Vientres (RECAV) y de No Somos Vasijas, denunció que en el tema del alquiler de vientres hay connivencia institucional; mientras Carlota Coronado, una de las promotoras del documental ‘¿Por qué tan pocas? Tecnólogas y científicas a la luz’, nos dejaba claro que son muchas pero no las conocemos porque no son sus historias las que se cuentan.

Desde la asociación Grandes Amigos nos acercaron a los mayores que viven solos, haciéndonos ver que la soledad es una y nosotr@s somos más; y Modesto Rodríguez, presidente de la Asociación Fenilcetonúrica y OTM de Galicia (ASFEGA), hizo lo propio con las personas que padecen estas enfermedades, por las que Manolo Varela luchó durante años hasta su muerte estando al frente de la asociación. Voces todas ellas que relatan historias que debían y deben ser contadas. Gracias por dejarme hacerlo, aportando así mi granito de arena para trasladarlas al mayor número posible de personas preocupadas, como ellas y como yo, por conseguir que este mundo sea mejor para tod@s. Y Gracias a quienes leéis y escucháis esas historias a través de mí. Seguiré en ello.

Asumamos nuestra responsabilidad

Como cada 5 de junio desde hace cuarenta y cinco años hoy se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha elegida por la ONU, consciente de que su protección y mejora es un tema capital que afecta al bienestar de los pueblos y al desarrollo económico mundial, para llamar la atención sobre temas apremiantes que ya están condicionando nuestro presente y que, si no actuamos, condicionarán todavía más nuestro futuro. Con el rápido avance de la ciencia y la tecnología se ha alcanzado una etapa de la evolución de la especie humana en la que hemos adquirido el poder de transformar cuanto nos rodea en una progresión sin precedentes, y de lo que se trata es de que lo hagamos con cabeza. Más allá del papel clave de los Gobiernos, Naciones Unidas apela al sentido de la responsabilidad de cada uno de nosotros como individuos, como miembros de colectividades y como sociedad para que nos impliquemos en la conservación de un ecosistema sobre el que cada vez más expertos nos alertan de que se está viendo seriamente comprometido por las sacudidas del cambio climático: la importante pérdida de biodiversidad y de diversidad genética; la subida del nivel del mar; el incremento de las temperaturas, la acentuación de los períodos de sequía y la disminución de las lluvias (con la consecuente multiplicación y mayor virulencia de los incendios); el avance de la desertificación, la aceleración del deshielo…, y así podríamos seguir enumerando las consecuencias de unas acciones poco o nada respetuosas con el entorno natural. Como dice Greenpeace hablando de nuestro país “si se altera el medio ambiente en el que vive y del que vive la sociedad española, el siguiente paso señala directamente a sus sectores económicos y a la salud de su población”; por eso se debe actuar y hay que hacerlo ahora, cuando los especialistas sostienen que todavía estamos a tiempo de evitar consecuencias mucho peores en las que nadie quiere pensar porque podrían ser irreversibles, si es que algunas no lo son ya.

Cada Día Mundial del Medio Ambiente se centra en una cuestión urgente, siendo la de este 2019 la contaminación del aire que respiramos -que, dice la ONU, causa cada año siete millones de muertes en el mundo- como una manera de incitarnos a participar o a generar acciones con las que ayudar a combatir un grave problema que afecta a millones de personas en todo el mundo, sobre todo en China, que paradójicamente acoge en esta ocasión las celebraciones oficiales. El gigante asiático -que fue, junto con EE.UU e India, responsable del 85% del aumento de las emisiones de dióxido de carbono el año pasado según la Agencia Internacional de la Energía- nos invita a considerar los cambios que podemos implementar en nuestro día a día para reducir la contaminación del aire que generamos; cambios a los que podemos y debemos sumar otros, tendentes todos a reducir hasta eliminar nuestra contribución individual al calentamiento global para frenar así sus perniciosos efectos en nuestra salud y la del planeta. Nosotros hacemos de altavoz de cuatro voces que pueden ayudarte.

Javier Andaluz, de Ecologistas en Acción: “El sistema económico actual no puede asumir la lucha contra el cambio climático porque tiene vicios ligados con largas cadenas de distribución y el consumidor está cautivo, a no ser que busque alternativas como las cooperativas de consumo o las comercializadoras de energías renovables, algo que es importante que haga; pero lo cierto es que para buena parte de la población resultan inaccesibles, muchas veces por falta de disponibilidad geográfica o por cuestiones económicas: los productos más baratos son los de mayor impacto climático”. Y añade más.

Julio Barea, de Greenpeace: “Hay que reciclar, sí, pero también reutilizar y, fundamentalmente, reducir nuestro consumo de plásticos”. La ONG es una de las que apoya la campaña impulsada por “Zero Waste” –“Cero Basura”- que nos invita a hacer esta semana un boicot a los alimentos envasados en plástico que siguen multiplicándose en tiendas y en supermercados, para demostrar que es posible realizar la compra diaria partiendo de un consumo responsable, ético y respetuoso. Se queja de que “socializamos la contaminación, pero los beneficios son particulares” y nos insta a aportar cada un@ de nosotr@s nuestro grano de arena porque “es imprescindible que tod@s pongamos de nuestra parte”

Manuel Bruscas, activista contra el despilfarro de alimentos: “No pedir comida que no vas a comer y no despilfarrar alimentos son pequeños actos que contribuyen a proteger y a conservar el medio ambiente; no estamos hablando de grandes revoluciones pero sí de aportaciones que ayudan, que suman, y es muy importante que tod@s lo tengamos presente”.

Jordi Richart, de Fridays For Future: “Es necesario poner en marcha cuanto antes las acciones que reclaman los expertos para frenar el cambio climático porque ya deberíamos haberlo hecho y ahora tenemos que pisar el acelerador. El nuestro es un movimiento que pretende unir cada vez a más gente para dar guerra hasta conseguir que se tomen esas medidas, porque tod@s podemos tener un activista dentro que grite: Quiero una casa donde poder vivir y haré lo imposible para lograrlo”.

Queda claro que no podemos echar balones fuera, que eso de ‘¡Qué más da que yo haga algo si los demás no hacen nada!’ es solo desidia, porque cada paso cuenta, cada paso es un avance en la lucha contra el calentamiento global, en la conservación del medio ambiente y en el camino para garantizar el futuro de un planeta que pueda seguir habitándose -¡ojalá!- otros tantos miles de años.

“Venimos para quedarnos el tiempo que haga falta, es nuestro futuro lo que está en juego”

El invierno que acabamos de dejar atrás ha tenido las temperaturas máximas en promedio más elevadas desde que existen registros -casi 2ºC por encima de la media-, ha sido el quinto más seco y ha contado con un 32% más de horas de sol de lo habitual; esto se ha traducido en un aumento del número de incendios forestales, multiplicando por veinte el del anterior invierno, y de la superficie quemada, ocho veces por encima de la media. La primavera que hemos estrenado hace unos días también se anuncia más calurosa y con menos lluvias de lo habitual -siguen los incendios-, y probablemente lo mismo sucederá con el verano, que ahora dura de media cinco semanas más que hace cuatro décadas. Son datos y previsiones facilitados por la Agencia Estatal de Meteorología que, como numerosos científicos especializados en el medioambiente, advierte de que los ‘gases de efecto invernadero’ tienen mucho que ver con lo que estamos viviendo: treinta y dos millones de españoles -un 70% de la población- ya se están viendo afectados por las consecuencias del calentamiento global. “Pero no hace falta ser científico para darse cuenta de que algo va mal, de que el cambio climático ya está ahí”, asegura Jordi Richart, portavoz de Fridays For Future (FFF) en Alicante.

El movimiento sacó el pasado 15M a las calles a varias docenas de miles de personas en España -fundamentalmente jóvenes, pero no solo- para exigirles a las autoridades que tomen medidas urgentes, efectivas y justas con la sociedad para frenar el calentamiento global; fueron y son miles en España, más de un millón y medio en todo el mundo “que ya no están solas” -dice- como lo estaba la activista sueca Greta Thunberg, de 16 años, cuando a mediados de agosto del año pasado llevó a las puertas del Parlamento de su país su protesta, una protesta que se ha convertido en la de una juventud cada vez más comprometida.

Para qué estudiar si no hay futuro

Los impulsores de Fridays For Future España están muy satisfechos por la acogida que tuvo su primera gran movilización, una acción preparada en unas pocas semanas, que es el tiempo que lleva el movimiento en el país, y tienen la esperanza y todas sus energías depositadas en que ahora que ha prendido la mecha no se apague porque ellos no tienen dudas: “No hay planeta B y o actuamos de inmediato o no podremos hacer nada no solo para revertir la situación sino ni siquiera para mitigar las consecuencias de tantos años de inacción”, advierte Jordi Richart, explicando que la prisa se debe a que “al no haber actuado cuando tocaba, el tiempo nos está pisando los talones: el Grupo Intergubernamental de Expertos de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC) sitúa el límite en 2030 y si para entonces no se han aplicado medidas como las recogidas en el Acuerdo de París, sellado en 2015, será imposible impedir que la temperatura suba hasta situarse al final de este siglo 2 o más graos centígrados por encima de la actual, con la catástrofe que eso supondrá”.

Es el mensaje que llevan repitiendo desde hace años miles de expertos que se unen ahora también con su firma a estos jóvenes que lo han hecho suyo para amplificarlo con el propósito de que, a los principales destinatarios, a los gobernantes, no les quede más remedio que escucharlo. Así responden a quienes cuestionan su irrupción diciendo que esta es una discusión que hay que dejarles a los profesionales, que ellos son demasiado jóvenes para entender el problema y que deberían estar en la escuela, en el instituto o en la universidad en lugar de protestando en las calles: “Precisamente porque nos formamos, nos informamos y -al contrario de lo que algunos quieren hacer ver- nos implicamos, conocemos a la perfección las múltiples alertas que lanzan los científicos, y nos movilizamos porque somos, en teoría, los que más futuro tenemos por delante; y precisamente eso es lo que queremos: que no nos lo arrebaten”. No en vano uno de sus lemas es ‘Para qué estudiar si no hay futuro’. “Tenemos que luchar por nuestro planeta y vamos a hacerlo porque sin una base sólida todo lo demás no importa”, afirma contundente este portavoz de FFF.

Toque de atención a los políticos y a una parte de la sociedad

En Fridays For Future están convencidos de que los conglomerados empresariales y otros grupos de presión han sido determinantes en la reticencia de los Gobiernos a activar esas medidas que los expertos pusieron hace tiempo encima de la mesa, “porque el capital importa más que el planeta”. Lo que se ha ido haciendo desde entonces son para ellas y ellos parches, no soluciones duraderas, y eso es lo que reclaman: avisan a los dirigentes políticos de que “ha llegado el momento de que se pongan las pilas y actúen con visión de futuro” porque la juventud no está dispuesta a renunciar a la vida que tiene por delante. Les parece “genial” que incluso el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, les reconozca el valor de tomar la iniciativa admitiendo que tienen razones para estar enfadados porque su generación fracasó a la hora de responder de forma adecuada al dramático desafío del cambio climático -en sus propias palabras-, y que haya dicho que le dan esperanza porque sabe que pueden cambiar el mundo; pero le recuerdan que si se han movilizado “es para darles un tirón de orejas y una lección buscando que reaccionen de una vez: Queremos que actuéis, no solo que habléis”.

Tirón de orejas a los dirigentes políticos que hacen extensivo a esa parte de la sociedad -de las generaciones anteriores y también de la suya- que, pudiendo haberlo hecho, no se ha movilizado y no se moviliza “cuando es responsabilidad de todos, no solo de los políticos, proteger la casa de todos”. Jordi Richart aclara que no quieren meter a todo el mundo en el mismo saco y destaca a la gente que sí ha luchado y sigue luchando para intentar frenar el calentamiento global y para hacer crecer esa conciencia ecologista y de respeto por el medio ambiente “que echamos en falta en nuestro país, en el que es imprescindible más educación ambiental, esa que nos falta en las aulas y que intentamos ayudar a difundir”. Se definen como un movimiento apartidista, pero él, que a sus 19 años votará por primera vez, hace una llamada con la vista puesta en las elecciones del 28A y del 26M: que “quien vaya a votar lea antes los programas de los partidos y tenga en cuenta dónde está viviendo y dónde quiere vivir”.

Dentro de cada uno de nosotros puede haber una Greta Thunberg

Asegura el portavoz de Fridays For Future Alicante que tod@s, jóvenes y no tan jóvenes, podemos contribuir a esa labor de concienciación en nuestro día a día, empezando por lo más pequeño y próximo: “Dentro de cada una de nosotras y nosotros puede haber una Greta Thunberg; lo único que tenemos que hacer es sacar a esa activista, dejar salir esas ganas de exigir que se solucione esta crisis ecológica y gritar que queremos una casa en la que vivir, que es de lo que se trata”.

Con ‘solo’ 19 años podríamos pensar que habla por hablar, pero lleva desde los 12 implicado en la lucha por la defensa del medio ambiente, participando en campamentos de educación ambiental, colaborando como voluntario en una organización ecologista…, y ahora abraza este movimiento intentando que se una a él cuanta más gente mejor “porque todo es empezar”; y anima a quien tenga esa preocupación a que levante su voz y se organice porque, repite, “más de un millón y medio de personas ya no están solas”. Explica Jordi Richart que estamos ante un movimiento “libre, que todas y todos podemos y debemos hacer nuestro para conseguir que cada vez seamos más: hemos venido para dar guerra hasta que se apliquen las medidas que propone la ciencia para evitar el desastre, sean dos o cinco años, el tiempo que haga falta, porque hay que intentar salvar el planeta”.

“Son ya muchas las oportunidades perdidas para evitar que el mundo llegue al umbral de no retorno, y el tiempo se agota”

Que los humanos vamos camino de cargarnos el planeta es un hecho cierto (como consecuencia del cambio climático los fenómenos naturales son cada vez más extremos, el Ártico que se va quedando sin hielo, sube el nivel del mar, etc), como lo es que no estamos poniendo lo suficiente de nuestra parte para impedirlo. Esta realidad es todavía más preocupante si analizamos la actitud que mantienen dirigentes como Donald Trump, el príncipe Mohamed bin Salman o Jair Bolsonaro, que no solo no ayudan a revertir esta tendencia sino que pisan el acelerador en la carrera hacia el desastre, por eso “se necesita que la comunidad internacional sea inflexible en la lucha contra el cambio climático y establezca líneas rojas que no puedan saltarse”. Lo dice Javier Andaluz, responsable de clima de Ecologistas en Acción que, al igual que los los expertos de la ONU, alerta de que se acaba el tiempo para actuar y de que la situación es más que preocupante: “al ritmo que llevamos en emisiones de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, en 11 o 12 años habremos desaprovechado la última oportunidad para evitar que la temperatura global suba 2º C, o incluso más, con respecto a los valores de la época preindustrial, lo que significa que en 2050 ya experimentaremos ese incremento”. Y la cosa no se queda ahí, porque los compromisos que los países pusieron encima de la mesa en el Acuerdo de París -firmado en 2015- y “que ya se ha visto debilitado” en la Cumbre del Clima de Naciones Unidas celebrada el mes pasado en Katowice (COP24), nos condenarán a un calentamiento global de 3,5ºC hacia final de siglo, “con lo que las consecuencias podrían ser catastróficas” ; así lo advierten uno y otros.

Javier Andaluz se queja de que la gente no es consciente de lo negro que se puede volver el futuro más inmediato (y avisa de que debería serlo) porque los efectos del cambio climático hace tiempo que son palpables en nuestro país: recuerda que la temperatura ha subido 1,1ºC desde principios del siglo XX y destaca que “es evidente que vivimos olas de calor más prolongadas que dan lugar a períodos de sequía más intensa cada vez en áreas más amplias, que los incendios forestales y el número de hectáreas arrasadas se multiplican, que hay menos días de lluvia y las precipitaciones son mucho más fuertes y concentradas en Comunidades como la gallega, y un largo etcétera. Y si eso sucede con poco más de 1ºC, ¡qué no veremos con una subida de 2ºC o más!, que se traducirían en 4 a nivel local, en España”.

Un negro panorama a nivel mundial

El Grupo Internacional de Expertos de la ONU sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) alerta de que esos 2ºC más marcan el umbral de no retorno. Explica el responsable de Ecologistas en Acción que los bosques, la tundra, los mares o la nieve que tenemos en la Tierra actúan como reguladores climáticos, bien porque absorben dióxido de carbono (CO2) bien porque reflejan la luz del sol; y añade que “se sabe que superado ese incremento, probablemente incluso antes, esos procesos pueden cambiar tan radicalmente que hagamos lo que hagamos sea ya imposible impedir que lleguemos a otro punto de equilibrio climático”. En ese supuesto, si la temperatura sube 3 o 4ºC, ¿qué? Con ese panorama, “la incerteza es la que manda, pero lo que está claro es que las circunstancias serán claramente peores, porque una atmósfera con más calor es una atmósfera con más energía, y esto implica que todos los fenómenos naturales se volverán todavía más extremos, lo cual representa un grave problema. Eso por no hablar de la cuestión alimentaria, porque se experimentará una importante merma o incluso la desaparición de cultivos fundamentales en la pirámide nutricional como el maíz, la cebada o el arroz”.

En su último informe, debatido en la reciente Cumbre de Polonia, el Panel de Científicos de Naciones Unidas pone sobre el papel una comparativa de las consecuencias que supone una subida de la temperatura global de 1,5 y de 2ºC: afirma que, en el primero de los escenarios, hasta el 90% de las barreras de coral estaría en riesgo de desaparecer, mientras que en el segundo desaparecerían por completo; ese medio grado centígrado a mayores implicaría que varios cientos de millones de personas más se verían expuestas a los riesgos climáticos y condenadas a la pobreza; el nivel del mar aumentaría 10 centímetros más, lo que significaría que otros diez millones de ciudadanos se verían afectados; con un incremento de 1,5ºC -que ya está ahí- ecosistemas como el Mediterráneo tendrán serios problemas porque se duplicarán las consecuencias de la sequía, el efecto imparable del cambio climático hace prever que cuando se llegue a 2ºC se triplicarán, “por lo que serán devastadores”; y si se llegase a 3-4ºC, muchas zonas que ahora son habitables dejarían de serlo, “y hablamos de una importante parte del planeta, sobre todo en las latitudes ecuatoriales e intertropicales”.

La COP24, otra oportunidad perdida

Se da por hecho que el incremento de la temperatura se situará por encima de 1,5ºC porque se necesitarían cambios inmediatos, profundos y sin precedentes para evitarlo (que no parecen estar en los planes de los principales Gobiernos): en los mecanismos de obtención de la electricidad, en el transporte, en la industria y en la agricultura. Las emisiones de CO2, dicen los expertos, tendrían que reducirse hasta un 45% para 2030 con respecto a las actuales cifras, y deberían desaparecer en 2050.

Afirma Javier Andaluz que “la COP24 ha dejado muy claro que no existe voluntad política para implantar las soluciones técnicas que permitirían que se pudiese limitar el calentamiento global”. En Ecologistas en Acción, como en el resto de organizaciones medioambientales y otras ONG, se muestran muy decepcionados no solo porque no se haya avanzado nada en la reciente Cumbre de Katowice sino porque “incluso hemos ido hacia atrás”. Los casi 200 países participantes firmaron una Declaración Final “que salva los muebles, pero lo que se recoge en ella es mucho más flojo que lo contenido en el Acuerdo de París”. Explica que no refrendaron con toda la fuerza con la que deberían haberlo hecho el informe del IPCC sobre el 1,5ºC y que apenas hay referencias a sus advertencias; que dieron una patada hacia adelante al llamado “Diálogo de Talanoa” (un proceso de debate constructivo con propuestas de Gobiernos y sociedad civil para avanzar hacia el cumplimiento de objetivos climáticos que ahora pasa a llamarse “Diálogo de la Ambición”), posponiendo para este año sus conclusiones -que deberían haberse cerrado en 2018-; que la fuerza vinculatoria del texto es prácticamente nula porque, si en París hablaban de “adoptar” o “impulsar”, aquí han optado por “tomar nota” o “apuntar”; y, concluye, tampoco se fijaron objetivos.

A pesar de todo, Javier Andaluz defiende que las Cumbres del Clima sirven para “dar pasos en la buena dirección; pasos que sin ellas no se darían porque para muchos Estados la lucha contra el cambio climático no significa nada y está lejos de sus prioridades” (no así de los pequeños países insulares, que ante la inminencia de su desaparición son los más combativos y los que llevan pidiendo más compromisos desde la Cumbre de Río de Janeiro en 1992). Eso sí, asegura que esos pasos “son insuficientes y están a años luz de los que se necesitan”. La cita de este 2019, la COP25, es en Chile y las perspectivas “no son buenas”.

“Imposible entender la inacción”

Para él “es difícil de entender” que haya líderes mundiales que se nieguen a actuar cuando están viendo los costes de no hacerlo: en vidas humanas perdidas, cada vez con más huracanes, tifones, inundaciones, con sequías más extremas y con incendios más voraces; y en la millonaria factura que dejan tras de sí, pues los diez peores desastres naturales del año pasado relacionados con el cambio climático han causado daños cuantificables en alrededor de 70.000 millones de euros. Asegura que esos líderes saben desde hace más de una década que, de no actuar a tiempo y como hay que hacerlo, “los costes se multiplicarían”. En 2006 se conocía el Informe Stern, encargado por el Gobierno británico al economista Nicholas Stern, que avisó de que se necesitaba una inversión anual equivalente al 2% del Producto Interior Bruto mundial para mitigar los efectos del cambio climático y advirtió que, de no hacerla, el mundo se expondría a una recesión que podría alcanzar el 20% de ese PIB a finales de este siglo. La advertencia era así de clara: “nuestras acciones en las décadas venideras pueden implicar el riesgo de una disrupción de la actividad económica y social durante el resto del siglo XXI y del siguiente de una escala semejante a la de las Grandes Guerras y la Gran Depresión”.

En Ecologistas en Acción insisten en que actuar pasa por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y por apostar por las energías renovables: “lo lleva repitiendo la ciencia desde 1988, cuando se creó el Grupo Internacional de Expertos de la ONU sobre Cambio Climático; lo que hace falta es asumir que esto tiene una serie de consecuencias económicas y que es incompatible con el actual sistema. Se necesita voluntad política para avanzar en la transición hacia un horizonte 100% renovable y cuanto más tiempo tardemos en realizarla mayores serán los costes: porque el petróleo y los minerales se agotan y el cambio climático avanza, y la combinación de estos factores implica que si no somos capaces de realizar ese cambio se hará a la fuerza y con enormes pérdidas sociales y ambientales”.

Cómo estamos en España

Tras calificar de “nefastos” para la lucha por la defensa del planeta las políticas ambientales en los años de Gobierno de Mariano Rajoy, Javier Andaluz se queja de que el Ejecutivo de Pedro Sánchez “siga en las palabras, sin hechos”. Recuerda que la ministra de Transición Ecológica se ha comprometido a ser más ambiciosa en los objetivos de reducción de emisiones de CO2: primero a través de una Ley, después de un Real Decreto que estaría listo en 2018, “y ni una ni otro”; dice que el carbón lo están abandonando las empresas cuando no les salen las cuentas y que no se sabe nada del cierre de las nucleares. Y aclara que, en todo caso, las metas que marca Teresa Ribera distan mucho de las que reclaman las organizaciones medioambientales.

Desde Ecologistas en Acción reconocen que los ciudadanos tenemos nuestra parte de culpa por la falta de concienciación de un sector de la sociedad (recuerda que usar el coche y viajar en avión son las dos medidas que mayor impacto climático tienen), pero destaca que “nuestro grado de responsabilidad con respecto al que tienen las Administraciones es distinto”, ya que es de los poderes públicos de quienes depende que se reduzcan la práctica totalidad de las emisiones derivadas de la movilidad urbana. En España, el sector del transporte es el máximo emisor de gases de efecto invernadero -representa el 26%- e incluimos también al de mercancías, que se realiza mayoritariamente por carretera en lugar de en tren (como ocurre en otros países europeos); y de las Administraciones depende también cerrar las nucleares y acabar con el carbón. Javier Andaluz tampoco quiere dejar pasar la oportunidad de avisar sobre el impacto que la “industrialización del campo y el abandono de los oficios tradicionales está teniendo en el avance sin control del cambio climático”. Todo esto demuestra, dice, que “el ecologismo no es solo lo que necesitamos para salvar el planeta sino una alternativa de vida digna, que además fortalece los círculos más próximos para conseguir una sociedad respetuosa con los límites planetarios, que es el único futuro posible”.